Elecciones-Democracia

Por Carlos Murguía Mejía

El trazo de una cruz en una papeleta electoral, es el inicio formal de lo que implica eso que llaman “democracia”. Dicho de otra manera, es común que la gran mayoría de los electores consideren que ir a votar es suficiente deber cívico cada tres o seis años e indistintamente para Presidente, Gobernadores, Diputados y con ello, suponen que hasta ahí con su voto es la meta final de la democracia.

Pues bien, lo cierto que la responsabilidad de emitir un sufragio por determinada persona, partido político o proyecto de nación, implica un examen concienzudo y de una gran valoración del ciudadano para que éste pueda discernir con absoluta y plena libertad al mandatario de su preferencia; es decir, la alta responsabilidad conlleva el sentimiento nacionalista y patriota de elegir al gobernante desde la óptica de la seriedad y ausente de frivolidad a fin de no expresar una simpatía por quien no tiene derecho y menos el conocimiento para llevar las riendas de algo tan serio como es el gobierno.

Escoger un gobernante porque es guapo, bien vestido, de fácil palabra y etc., etc., no siempre da el mejor resultado. Por supuesto, que el voto responsable es el ideal; sin embargo, hasta en las democracias más avanzadas el carisma, francamente hemos visto que sí cuenta. Y ejemplo de ello sobran y tan es así que en México, nuestro País, impulsan a artistas, deportistas, y locutores. No es que no tengan derecho, pero la democracia y la conducción de un Estado desde el punto de vista ejecutivo y Legislativo merece tener entre sus actuantes experiencia y oficio político administrativo.

Confundir la gimnasia con la magnesia es común. El partido que impulsa una propuesta donde el arribismo, la improvisación, la ocurrencia o candidaturas productos del nepotismo o padrinazgo político indebido, francamente se traduce en una gran: Irresponsabilidad.

Los partidos políticos reciben fondos públicos y por ello, están obligados a presentar sus mejores propuestas. El pueblo paga por la subsistencia de estos partidos políticos y justo es que como beneficiarios de fondos públicos pues impulsen a los mejores hombres, mujeres y jóvenes para los diferentes cargos de elección popular o administrativos.

Lo contrario, es una muy grave y reiterativa irresponsabilidad y engaño al pueblo que paga por una democracia como la que promueve el Instituto Nacional Electoral, y sus 25 mil millones de pesos que incluyen a los partidos políticos.

Y no menos importante, la reelección que no es más que una bofetada a la historia y con el único objeto de eternizarse en el poder los actuantes en política electoral argumentando la experiencia adquirida; omitiendo, que a los cargos ya deben llegar sabidos y conocedores, puesto que el pueblo no tiene por qué pagar tanta equivocación y error en favor de quien no lo merece. Los que votaron la reelección, no conocen la historia y menos el concepto de nacionalismo y patriotismo. 

En suma, el tema electoral debe revisarse igual que al INE.

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