Elecciones

Por Carlos Murguía Mejía

Me referiré únicamente a Baja California, nuestro Estado, Gubernatura, Presidencias Municipales y Congreso Local fue lo que se definió en las urnas; el pueblo decidió que hoy no hubiera policromo de siglas y candidatos alternados; sino todo lo contrario; es decir, se vistió la política de guinda (morena).

Alguna vez Eugenio Elorduy Walther, ex gobernador de Baja California, y emanado del PAN, dijo: “Para que haya democracia debe existir alternancia”. Pues ya se le cumplió su gusto, su vaticinio se hizo efectivo por la voluntad mayoritaria.

El Estado 29 en su metamorfosis política con diversos partidos PRI, PAN, Morena, da cuenta de la alternancia por voluntad de sus electores; advirtiendo, que su preferencia fue patente.

En los municipios eventualmente hubo cambios de siglas; empero, treinta años en el Estado estimo para mi gusto que fueron muchos. Una dictadura porfiriana.

Tres generaciones donde la alternancia no tuvo presencia y si en cambio, todo el poder en unas cuantas familias del PAN, porque si en algo han sido expertos es en el nepotismo. La ciudadanía ya se había acostumbrado a ver a primos, hermanos, sobrinos, padres e hijos disfrutando indistintamente del poder; el gobierno federal, estatal y municipal, siempre bajo el cobijo del manto azul.

Endeudamiento insultante, crimen organizado, acaparamiento de tierras, fortunas inexplicables acabaron por ofender a un pueblo que aunque la abstención haya sido de enormes proporciones, el ausente del sufragio despreció la política azul; es decir, la política del PAN y del PRI.

No tienen excusa los panistas para buscar culpables, su propia irresponsabilidad los llevo a este grado de deterioro y solamente equiparable al desprecio que tuvo el PRI.

Vendrán tiempos nuevos de cómo hacer política, pero la esencia de ésta lo impone la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y nuestra propia idiosincrasia.

Hace treinta años hubo esperanza y jubilo con el PAN; pero hoy, no más. Tiempos traen tiempos y nada es para siempre. Los triunfos y las derrotas tampoco. La responsabilidad del gobernante hacia el gobernado no es motivo de negociación, como tampoco el derecho de un pueblo a escoger a sus gobernantes en libertad. Así pues, esperemos que los funcionarios partidarios, de elección popular y administrativos lo entiendan y aquilaten la confianza que les fue depositada y honren la protesta del cargo conferido.

Eficacia, honestidad, plan de austeridad, son los distintivos de la cuarta transformación. Estos deben quedar tatuados en la piel del funcionario público para que entienda que la voluntad popular mayoritariamente tiene un valor agregado. La corrupción e impunidad no debe quedar en el discurso, de ninguna manera. El pueblo no quiere y no ve con simpatía las amnistías jurídicas; es decir, esa prerrogativa de amnistiar como Juárez lo hizo y también en los Pactos de la Moncloa, no se ajustan al caso de Baja California. El Estado 29 es parte de una federación, pero aquí no está en juego la soberanía territorial, lo que está en juego es la soberanía moral y ética del ciudadano de bien, que desea se haga justicia y de ninguna manera remitan los casos de corrupción  e impunidad al archivo del perdón y del olvido.