El vino explica las razones importantes para vivir

Por Juan José Alonso Llera

 “Si bien la penicilina cura a los hombres, el vino les hace felices”.

Hoy en el día de la Independencia gringa, esperando mi vuelo en el Aeropuerto Intercontinental de Houston George Bush IHA (increíblemente lleno de gente), me pongo a reflexionar lo accidentado, complejo y atribulado que está el mundo en este momento y decido simplemente compartir varias reflexiones, sobre una de las cosas que más disfruto en la vida: el vino.

Tomando en cuenta que poetas, escritores, artistas, actrices, científicos… Ninguno de ellos se ha mantenido indiferente ante lo que los pueblos primitivos consideraban “la bebida milagrosa que fermentaba sola”. Fascinados como yo por el vino y como si de una provocación se tratara, le han dedicado maravillosas frases, a este espiritual brebaje.

El vino, aunque técnicamente viene del latín “vinum”, es una bebida hecha de uva de la especie Vitis vinífera, mediante la fermentación alcohólica de su mosto. La fermentación se produce por la acción metabólica de las levaduras, que transforman los azúcares naturales del fruto en etanol y gas en forma de dióxido de carbono. El azúcar y los ácidos que posee la fruta, son suficientes para el desarrollo de la fermentación.

Beneficios – Al poseer alcohol etílico el vino posee efectos psicoactivos: en dosis muy moderadas, incrementa el apetito y provoca un cierto grado de desinhibición al ser ansiolítico; esta característica ansiolítica explica que, siempre en dosis bajas, sea hipnoinductor (favorezca al sueño) y tranquilizante. Sin embargo, como otros psicoactivos, las dosis elevadas (más de dos copas) producen evidentes signos de intoxicación, siendo un depresor del sistema nervioso central.

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa conjunción de los astros, en qué secreto día que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino fluye rojo, blanco y rosa a lo largo de las generaciones como el río del tiempo y en el arduo camino nos prodiga su música, su fuego y sus leones. En la noche del júbilo o en la jornada adversa exalta la alegría o mitiga el espanto y el ditirambo nuevo que este día le canto, otrora lo cantaron el árabe y el persa. Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

“Me basta con el vino dorado y viejo una manta con olor a invierno diecisiete almendras nuevas y tus manos…”.

“Fíjate un objetivo distinto, que soy como un vino tinto. Que, si me tomas en frío engaño, y con los años me hago más listo. Cariño. Tómame calentito a tu ritmo, que soy como un vino añejo. Hace ya tiempo me ando buscando, Y no me encuentro ni en el espejo”.

“Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”.

“Recuerden caballeros, no es Francia por lo que luchamos, es por el Champagne”.

En fin, hoy les comparto un poco de todo y nada, pero me hace muy feliz entender este poema de la naturaleza que solo el alma del ser humano puede entender, unos más, otros menos, pero después de una copa de vino ya nunca serás la misma persona. ¡Salud!