El verdugo de Tijuana

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Con su indiferencia hacia los problemas sociales de Tijuana, el Alcalde aniquila y estrangula nuestra vida en sociedad. Primera plana en el San Diego Union-Tribune con el tema de la inseguridad en su ciudad y el Alcalde no dice nada, al contrario se va a Mexicali a hablar con su padrino a ver si puede rescatarle la suplencia de una candidatura a su hijo. Protegido por gran cantidad de elementos de seguridad se aísla y se encierra en una burbuja que le impide palpar las horas fatales que estamos viviendo en las calles y colonias de Tijuana. De sus acciones y declaraciones en materia de seguridad no puede desprenderse, hasta el momento, una sola estrategia efectiva para controlar la situación. Al contrario está empeorando, porque si en 2017 promediamos cinco asesinatos a diario en lo que va del mes de 2018, la estadística ya aumento a seis tijuanenses muertos diario a plomo puro. Esto es alarmante porque aunque el departamento de estado de la Unión Americana no nos haya puesto restricción de viaje, nuestra ciudad está muy cerca de parecerse a los estados fallidos de Yemen, Somalia y Siria, en donde reina el caos, la guerra y la desesperanza.

Simplemente este domingo, a unas cuantas cuadras de mi casa se desato una balacera casi al caer el anochecer, vecinos reportaron un fallecido que nunca apareció reportado por ninguna nota en ningún medio de comunicación. Vayan ustedes a saber cuál sea la cifra real de asesinatos en Tijuana, porque una cosa es la estadística oficial y otra muy distinta la cantidad sin fin de baleados que llegan a Cruz Roja y Semefo Tijuana, al grado que estas dos instituciones no se dan abasto, y se están generando otro tipo de problemas de salud pública. Los tijuanenses vivimos al filo de la navaja, mal acostumbrados a los asaltos y temerosos ante la posibilidad de perder algún ser querido en medio de un fuego cruzado. El Alcalde al no asumir el costo de tanto asesinato, nos traslada el peso social a nosotros, ya que las 1,734 familias que en 2017 perdieron a un familiar de forma violenta en esta ciudad, también son familias tijuanenses. Porque aunque digan que todos los muertos son narcomenudistas, no dejan de ser parte de la vida de nuestras colonias, aunque luego el Alcalde diga que todos son criminales para minimizar las investigaciones de los hechos y salir del paso ante los medios de comunicación. Además de los daños colaterales hacia la población inocente nunca se hace mención y es una realidad, como ocurrió en el bar El Torito del centro de la ciudad, donde al menos siete comensales inocentes perdieron la vida.

Por otro lado, el cáncer social de la corrupción es muy profundo, el sistema de leyes actuales no castiga a los políticos corruptos. Al contrario los premian. La impunidad permite que Jorge Agraz se burle de los señalamientos que hemos hecho los regidores del PES en Tijuana. No pasa nada con las denuncias de corrupción hasta el momento. La mayoría de los grupos empresariales cierran filas con los políticos corruptos, mientras sus intereses no se van afectados y sus arreglos políticos sean respetados. Voltearse para un lado en el momento preciso es ya el deporte político local por excelencia. A la Sindicatura le dije que había señalamientos internos de que un secretario del gobierno municipal utiliza los pases médicos para cruzar a San Diego y me pidieron fotografías como si fuese yo detective o policía ministerial, en lugar de ellos por oficio investigar como marca la ley.
La ciudadanía está en jaque, y dicho sea de paso, enfrentamos un panorama terrible para 2018. Los acontecimientos violentos en las colonias giran más rápido que las llantas de una patrulla. Tijuana está en las fauces del lobo y no hay nadie que la rescate. Quienes osamos defenderla somos proscritos por el “establishment local”, mejor conocido como el prianismo de Baja California. El Alcalde debe dejar de centrar su atención en escenarios electorales y dejar de ver a la ciudadanía como su adversario político, sino al final de su gestión será recordado como el verdugo de esta ciudad. Se necesita de hombres y mujeres íntegros que estén dispuestos a arriesgarlo todo para rescatar a esta ciudad de las garras de la criminalidad y la corrupción institucionalizada. O como dice mi amigo Arám Hodoyán, Tijuana necesita un líder.