El Tóxico que SI hizo los vinos del Miguel

Por Juan José Alonso Llera

“El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”.

Esta semana me enfrenté con una publicación falsa, mentirosa y presuntuosa, una productora de vinos local, llamada Claudia, presume en sus redes la elaboración del vino de Miguel Herrera para su 50 aniversario, que fue hace unos años.

Nada más falso que eso, los vinos fueron elaborados por mi empresa “Wine Be Spoke”en colaboración con la vinícola “La Carrodilla” (tenemos diseños, facturas y el track del envío). Es increíble como hay gente que se quiere robar los logros de otros, le reclamé en corto y su respuesta fue: “eres un tóxico enfermo”, sin dar pruebas de nada, sin disculparse y muy a su estilo de querer someterme ante sus modos odiados y criticados por algunos de la comunidad vinícola de BC.

En lógica, un argumento ad ignorantiam o argumentum ad ignorantiam, también conocido como llamada a la ignorancia, es una falacia informal que consiste en defender una proposición, argumentando que no existe prueba de lo contrario, diciendo la incapacidad de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario. Quienes argumentan de esta manera no basan su argumento en el conocimiento, sino en la falta del mismo, es decir, en la ignorancia. Esta impaciencia con la ambigüedad suele criticarse con la frase: “la ausencia de prueba, no es prueba de ausencia”; es decir, se comete esta falacia cuando se infiere la verdad o falsedad de una proposición basándose en la ignorancia existente sobre ella.

El principio de suficiencia

Un argumento ad ignorantiam no respeta el principio de suficiencia. Este principio establece que la ausencia de pruebas en contra de una afirmación no constituye prueba suficiente de su veracidad, y la ausencia de pruebas para una afirmación no constituye prueba suficiente en su contra.

La falacia del argumento ad ignorantiam probablemente gana algo de su apariencia engañosa como un buen argumento por su similitud con una forma legítima de argumentar.

El siguiente ejemplo puede ser ilustrativo: alguien afirma que hay termitas en una casa. Si una inspección profesional de termitas no revela ninguna evidencia para apoyar esa afirmación, sin embargo, entonces sería justificable la conclusión de que no hay termitas en la casa. Esto suena como un caso de la llamada a la ignorancia, porque la falta de pruebas de una afirmación (hay termitas) se utiliza como prueba de que la afirmación es falsa (no hay termitas), pero, en realidad, hay una diferencia crucial en este caso. La afirmación negativa no se basa en la falta de pruebas, sino en una evaluación exhaustiva de todas las pruebas positivas y negativas relacionadas con la cuestión de sí hay termitas en la casa.

Todo esto para explicar de manera elegante cuando sorprendes en la mentira a una persona y no lo acepta, no se disculpa, no repara el daño, simplemente trata de imponerse insultando, agrediendo y matando al mensajero.

Ante la evidencia de su mal actuar, que en algunas personas es una forma recurrente de vida, para esta fraudulenta persona el Alquimista es un ¡Tóxico enfermo! ¿Debí sucumbir ante la mentira?, y ¿evitarme este artículo?

La verdad es que NO, aparte de desahogarme pongo el ejemplo repetido de plagiar la tesis y buscar que no pase nada. Ponte a trabajar y deja de joder a medio mundo. Perro que ladra no muerde.