‘El Tijuano’

TIJUANA.- El colega Alfredo García Medina es la esencia de la cultura del esfuerzo.  Aprendió a ganarse sus primeros centavos de niño, trabajando como ayudante en puestos de tacos de la Zona Centro y como paquetero en el Calimax de la Zona del Río

Desde la época de la preparatoria se reveló como reportero de trinchera, con una pequeña gaceta estudiantil que fue un éxito en la escuela; de los chismes de romances adolescentes, su revista pasó a convertirse en órgano de denuncia contra injusticias de los maestros o cobros abusivos. 

Su vocación de reportero combativo se consagró en Semanario Zeta donde firmaba con su nombre y apellido, notas golpe de denuncia contra el narcotráfico.

Pero el destino marcaba que Alfredo sería defensa y no delantero y a capa y espada defendió a su jefe, Alejandro González Alcocer, desde la Dirección de Comunicación Social del Gobierno del Estado. 

A partir de ese momento fue escalando posiciones que lo llevaron hasta la sala de prensa de Los Pinos, en donde dirigió la coordinación de medios de los Estados y después al complicado territorio de Bucareli, donde fue nombrado vocero de la Secretaría de Gobernación en tiempos de una turbulenta política interna. 

Alfredo nos recibió una mañana en la biblioteca del Palacio de Cobián, para la entrevista como parte de la serie Tijuanizando México.

Con 40 años recién cumplidos y mil y un proyectos por delante, el colega encarnaba el espíritu de Tijuanizando México: Lucha, pujanza, capacidad innovadora; una carrera en franco ascenso que daría aún mucho de qué hablar.

Sin embargo, hubo un momento de la entrevista en que el semblante de Alfredo se transformó. Cuando le preguntamos cuál había sido un momento triste en su vida, Alfredo nos habló de la rabia e impotencia que sintió cuando murió su amigo Juan Camilo Mouriño en un accidente aéreo, el 4 de noviembre de 2008. 

Nos confesó que aún sentía tristeza al recordar esa tragedia y se preguntaba cómo el destino podía ser tan cruel e injusto para interrumpir  una vida de esa manera, dejando niños huérfanos y truncando una historia donde lo mejor estaba aún  por escribirse.

Alfredo no sabía que al narrar la historia de su amigo, estaba narrando su propia historia.  Nacidos bajo algún horóscopo trágico en aquel verano del 71, Alfredo y Juan Camilo se hermanaron en un mismo destino.

En Tijuanizando México jamás imaginamos que esa entrevista en la Biblioteca estaba destinada a transformase en homenaje póstumo, humilde tributo a un joven tijuanense que plantó cara a la adversidad y apostó fuerte con la vida.

En algún lugar suena la música de U2 y José Alfredo Jiménez.  Descansa en paz, colega.

Alfredo ¿Qué representa Tijuana para ti? 

Tijuana a mí en lo personal  me ha dado todo.  Una plataforma interesante, una visión de País distinta a cómo se ven las cosas desde la Ciudad de México. La visión de un tijuanense siempre será distinta.

¿Sientes nostalgia por Tijuana? ¿Quisieras regresar?

Quisiera de verdad regresar a Tijuana y poder aportar más. Es como ahorita me siento, añorando, queriendo aportar más y ojalá si algún día todos los que salimos de Tijuana y que andamos en diferentes trincheras sumáramos esfuerzos con los tijuanenses actuales, las cosas serían más bonitas para nosotros.

¿La gente te identifica como tijuanense?

Claro, de hecho así me puso en la campaña el ahora señor Presidente: El Tijuano. Ahora sí que yo no me puedo separar del membrete y lo porto con mucho orgullo, al día de hoy los que tienen ya varios años aquí así me conocen, como El Tijuano. 

¿Qué es lo que hace diferente a la gente de Tijuana?

En Tijuana lo que yo alcanzo a ver que nos hace diferentes,  es que uno desea ir a mayor velocidad, como que hay más deseo,  como que estamos más acelerados, en el sentido de que las cosas deberían culminar más rápido, sin tantos protocolos. Nosotros vamos al grano.

¿Cuál es la clave para hacer un trabajo tan complicado?

Yo me levanto todos los días pidiendo sabiduría para poder explicarle a la gente, a los medios y a la ciudadanía lo que aquí están haciendo los servidores públicos. La clave está en saberlo comunicar de frente y con honestidad.

Has escalado peldaños ¿Qué sigue políticamente para ti?

No sé qué siga. Estos trabajos políticos a veces duran seis años y a veces puede ser que mañana nos pueden pedir que le dejemos el lugar a otra persona; sin embargo, en mi creencia y en mi propósito sí está el tratar de seguir aportando algo a  la sociedad a través de la comunicación, complementando el trabajo de los políticos, de los empresarios y de los propios medios de comunicación.

A menudo tu trabajo te implica emitir posicionamientos oficiales sobre temas difíciles ¿Cómo lo haces?

Con transparencia. A estas alturas el País ya no aguanta medias tintas  en las decisiones de quienes cobramos como gobernantes con distintas responsabilidades. La clave es hablar claro, hablar de frente, decir la verdad y explicarla. La gente tiene derecho a saber la verdad y el reto es saber comunicarla.

¿Si tienes frente ti un asunto polémico como por ejemplo, San Fernando, Tamaulipas, cómo lo comunicas?

Yo regreso a lo que te comentaba que creo que es una cualidad de los tijuanenses: ser transparente.  En la política, en los medios de comunicación, todo se sabe, tarde o temprano. Luego entonces si tú te manejas de una manera transparente con los medios, no puedes negar las cosas cuando son evidentes.

Cuéntanos de tu familia ¿De dónde vienen tus padres?

Mis padres y mis abuelos habían llegado recién de Zacatecas y lo que ellos hicieron fue que pusieron varios negocitos de tacos. En los tacos de carne asada, trabajaban mis papás, mis tíos, mis abuelos. Yo mi infancia la vivo en la Zona Norte ayudando a mi papá a destapar las sodas. A los ocho o nueve años yo empacaba en Calimax del Río, allá con los Fimbres.  Acá le dicen cerillito, allá somos empacadores. 

Cuéntanos alguna anécdota de tu infancia 

Yo viví mi infancia en el centro urbano, ahí atrás de la colonia Libertad, en la colonia que está pegada al Aeropuerto. El Aeropuerto no tenía barda en ese entonces y cuando estábamos niños nos metíamos en bicicleta, no a las pistas obviamente, pero sí a la serranía y nos llevábamos nuestros perros. Según nosotros íbamos de cacería y sí era muy bonito, porque ahí andaban los perros correteando las liebres y ya que nos daba hambre nos cruzábamos del aeropuerto y la línea fronteriza no tenía barda, solamente un alambrón y entonces había muchas tomateras y sembradíos de legumbres y los señores de ahí ya nos veían venir y nos regalaban verduras.

Sabemos que fuiste un buen jugador de futbol americano ¿Tienes algún recuerdo de esa etapa?

En el 89 Cobach La Mesa tuvo una temporada perfecta. Les ganamos a todos  y eso que  jugaba en Mexicali el Salvatierra, los Zorros del Cetys, equipos duros. Era una liga muy competitiva y entonces el Cobach La Mesa integraba un gran equipo, ganamos todos los juegos sin que nos anotaran un solo punto en contra. Era un equipo perfecto. Y el día de la final contra Instituto México fue ahí en el CREA, que tuvo una afluencia importante, pues estaba todo el Cobach y todo el Instituto México y pues perdimos, siendo que éramos amplios favoritos. Ese es mi principal espina clavada en el tema deportivo.  

¿Cuál ha sido un momento difícil en tu vida?

El 4 de noviembre de 2008, cuando murió mi amigo Juan Camilo Mouriño. Juan Camilo y yo fuimos muy buenos amigos. Nosotros nacimos casi al mismo tiempo, con menos de una hora de diferencia. Yo nací el 31 de julio de 1971 y Juan Camilo nació el 1 de agosto, pero él nació en la madrugada y yo en la noche. Cuando Juan Camilo murió yo sentí mucha rabia e impotencia y me preguntaba cómo es que el destino puede interrumpir de esa manera una carrera ejemplar que iba en pleno ascenso.

¿Imaginabas de joven que ibas a llegar a trabajar en Presidencia y en Gobernación?

Alguna vez como inspiración, como parte de mi proyecto de vida yo pensé que iba a trabajar en Pinos y que en la sala de prensa de aquí de Gobernación yo iba a ser el responsable y mira, aquí estoy.