Por Jorge Barreto
El mundo gira demasiado rápido y tenemos que adecuarnos a tener más tiempo y paciencia para lograr mejores resultados.
El escultor Miguel Ángel dedicó los años 1498 y 1499 para hacer su obra de arte La Piedad, que se encuentra en la Basílica de San Pedro en Roma.
Lorenzo Bernini se tardó dos años para hacer su escultura maestra El Rapto de Proserpina exhibiéndose en la Villa Borghese en Roma.
En nuestros días no sería posible pensar en esos tiempos de trabajo. Todo lo queremos en plazos con tiempos completamente diferentes.
Las grandes obras que admiramos del pasado sería imposible realizarlas el día de hoy, por las exigencias del uso de tiempo a lo que estamos sometidos.
Todo lo queremos para ayer. El tiempo si no lo controlamos en nuestra vida diaria, nos puede causar un daño grave.
Hoy ya no hay tiempo para comer despacio, disfrutar el momento, atenderse mentalmente a uno mismo, todo es prisa.
El ejemplo es el éxito de los establecimientos de fast food, comida rápida sin tiempo de dialogar o cambiar opiniones.
La cadena de venta de café Starbuck se inició en Seattle, Washington, con inspiración en uno de los socios de las cafeterías de Milán, Italia, que más que vender café expreso, era el lugar de convivencia y plática, ratos muy necesarios en la vida que vamos olvidando por falta de tiempo (sic).
Esa comunicación constante en grupos de amigos, en reuniones establecidas, en desayunos periódicos son una fuente de salud mental y gran alegría, para liberar endorfinas, hablando médicamente.
Al liberar endorfinas, proteínas lineadas por el cerebro, el cuerpo elimina el stress y logra sensaciones de placer y tranquilidad, que ya no lo hacemos con la frecuencia necesaria por falta de tiempo para cada uno de nosotros.
Como dice la canción, “el tiempo que te quede libre dedícamelo a mí”, pero auténticamente a ti, para dar felicidad a los que te rodean.
Como dijo Steve Jobs de Apple: “El tiempo es la medicina para todos los males”.







































