El sueño mexicano

Por Maru Lozano Carbonell

Ya con la entrada del nuevo año, mi sueño no es americano, es mexicano. Me inquieta que Estados Unidos nos aviente a los deportados así nomás. ¿Qué van a hacer? Nada más imagínense que los que se fueron ilegalmente y lograron enraizar, se les abre la puerta de regreso y su tristeza, pobreza y desilusión los lleva usualmente a las drogas.

Entonces ya no hablamos de esa gente que primero se atrevió a romper la ley y luego a trabajar duro, sino que ya en Tijuana se convierten en personas deprimidas y desamparadas porque llegan sin documentos, sin equipaje y sin familia.

Mi sueño para este 2019 es ver una Tijuana que siga siendo tierra fértil para oportunidades no nada más laborales, sino familiares y sociales. Que no me dé miedo salir a la calle y que mis hijos sigan desarrollándose aquí.

El drama humano que estamos presenciando con tanto rechazado, hace que ellos se sientan terriblemente. La química de sus cuerpos cambia por completo y psicológicamente se ven afectados. ¿Qué habría que hacer entonces con ellos?  ¿Cómo coser una persona rota y con su familia deshilachada que alberga solo sentimiento de injusticia?

Ellos y nosotros sentimos enojo, miedo y tristeza porque esta condición nos mueve al cambio. Una persona estancada en Tijuana no podría ver la ciudad como un semillero de oportunidades porque está precisamente “atascada”.  Platiqué con algunos y sienten que no valen nada, que no merecen ser felices ni prósperos, ¡huele a culpa! Se sienten engañados y su pena les da pena al punto que desvarían.

Cualquier experto en psiquiatría nos dirá que una persona que es sometida a repetidos actos de humillación -lo veas por donde lo veas- se enfermará. Hay un neurocientífico, David Eagleman, profesor del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Stanford, que escribió un libro buenísimo: “Incógnito, Las Vidas Secretas del Cerebro”, donde finalmente nos dice que la historia de la humanidad está en el cerebro y es que la presión social de un inmigrante instala en sus mentes esquizofrenia segura. Esto porque se perturba la normalidad para producir dopamina. Lo único que se podría experimentar entonces es agresividad y una ciudad de psicóticos.

Eso no quiero para mi querida Tijuana. Así que los que estamos un poco mejor que los rechazados aquí, deberíamos ver no nada más la parte legal, de alimento, vestido y ubicación, sino ver la manera de hacer una red de apoyo emocional.  Hay muy pocas asociaciones que los ayudan y les reciben, pero por supuesto carecen de recursos y la situación por volumen los rebasa.

Es que mi sueño y mi propósito para este año es llegar al corazón de esa gente antes que las drogas. ¿Cómo podría lograrlo? ¿Quién se anima a iniciar una campaña de amor y trabajar en ella?

En Tijuana tenemos muchísimos estudiantes, profesionistas, religiosos y gente capaz de echar a volar su imaginación para soñar con un México pacífico. Espero que surjan líderes que puedan conjuntar las necesidades de todos los que estamos pisando el mismo suelo. Mi sueño es tener propósitos para esto, pero como muchos, no sabemos cómo empezar, cómo llevarlo a cabo, ni a quién acudir. Al parecer, solo muros en redes sociales es lo único que usamos para expresar. ¿Nos proponemos?

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