El suave pasado

Por José Cervantes Govea

jocegovea@yahoo.com

Envalentonados algunos comunicadores, intelectuales, políticos y  politólogos que bautizaron el combate al crimen como la “Guerra  contra el narcotráfico en México” ahora  alistan senda denuncia ante la Corte Penal  Internacional de La Haya contra el presidente  Felipe Calderón por su supuesta responsabilidad en crímenes de guerra y de lesa humanidad.

La denuncia incluye además de Calderón a los secretarios de Seguridad Pública,  Defensa Nacional y Marina, Genaro García  Luna, Guillermo Galván Galván y Francisco  Saynez Mendoza, respectivamente, así como  al narcotraficante Joaquín Guzmán alias “El  Chapo”.

Esos que durante el siglo pasado  callaron y fueron parte de la simulación y  endiosamiento de la figura presidencial. Esos  añoran ese suave pasado, que fue el colmo de  la pasividad y complicidad ciudadana.

Algunos  intelectuales fueron acallados nombrándolos  embajadores, cónsules o simples agregados  en embajadas; a algunos comunicadores los  nombraron coordinadores de comunicación  y a otros los hicieron “aviadores”.

Por otro  lado Carlos Jiménez, vocero de la bancada tricolor en el Senado, secundado por el mañoso  pseudolíder nacional del PRI, demandan una  disculpa pública del presidente Felipe Calderón y lo amenazan con denunciarlo porque, a  una pregunta sobre el posible regreso del tricolor a la Presidencia en 2012, el mandatario  destacó que hay varios priistas que coinciden  con su estrategia anticrimen pero que otros  tienen otra visión muy diferente y buscarían  regresar a los “pactos pasados” con los narcotraficantes.

El presidente Calderón dijo  “Depende quién sea. Hay muchos en el PRI  que están de acuerdo con la política contra  el crimen que yo tengo, o al menos ellos lo  dicen en secreto, mientras que en público ellos pudieran decir otra cosa”, dijo Calderón  según los extractos que The New York Times  publicó en su portal.

“Hay muchos en el PRI  que piensan que los arreglos del pasado  con el crimen organizado podrían funcionar  ahora. Yo no veo cómo pueda lograrse el arreglo, pero es la mentalidad que muchos de  ellos tienen. Si esa opinión prevalece esto me  preocuparía”. Así el pasado amenaza volver. 

Todos ellos piensan, al igual que algunos  políticos, émulos de Sócrates Rizo gobernador que pactó y permitió el florecimiento del  narcotráfico en Nuevo León, que pactar con  los narcotraficantes es la solución para acabar  con la ola de crímenes suscitados, primero  entre ellos y luego como daño colateral, de  ciudadanos de bien que estaban en el lugar  equivocado y han muerto a fuego cruzado o  de aquellos que se aventuran a socializar con  ellos deslumbrados por los dólares provenientes de sus ilícitas actividades.

Fernando  Fernández Menéndez opina al respecto, en  su columna Razones de Excélsior del 17 de  octubre pasado, que “El pacto con los grupos  criminales, primero, es imposible, inviable  por la definición de esas organizaciones: No  son disidentes políticos, son criminales.

Segundo, por la creciente pulverización de las mismas (en Guerrero operan, por ejemplo,  17 grupos diferentes, en la mayoría de las ocasiones enfrentados entre sí).

Tercero, porque  no tendría el menor sentido ético y generaría  un deterioro moral de la administración que  lo realizara (es en realidad una puerta abierta  para la corrupción)”. “… la sola idea del  pacto con los grupos criminales es una suerte  de rendición del Estado mexicano en varias  de sus responsabilidades esenciales, comenzando por la de garantizar la seguridad  de sus habitantes”.

Sí el nefasto pactismo en tre políticos y partidos nos tiene hundidos en la pobreza, material e  intelectual, los pactos con delincuentes nos pondrían en el umbral del  anarquismo, más muertes, injusticias, inseguridad e impunidad…

En  dos palabras: ¡Caos total!

*José Cervantes Govea radica en Tijuana, es Contador Público egresado  de la UABC y Abogado egresado de Univer Tijuana