El Samurái de la Gráflex

Por Daniel Salinas Basave

Hace unos minutos recibí la fotografía de mi nuevo libro, El Samurái de la Graflex, recién salido de la imprenta. Si todo marcha conforme a lo acordado, lo estaremos presentando el próximo 20 de octubre en Monterrey. Siempre son emocionalmente intensos los días previos a la salida de un nuevo libro. Este es el número trece de mi carrera, pero les juro que los nervios y la expectativa son iguales al primero. Editado por el Fondo de Cultura Económica, El  Samurái de la Gráflex narra la historia de Kingo Nonaka, el inmigrante japonés al que los azares de la tormenta revolucionaria llevaron a convertirse en jefe de enfermeros de Pancho Villa y padrino de la fotografía en la naciente ciudad de Tijuana. Una vida extraordinaria, llena de aventuras, sobresaltos e improbabilidades.

Las historias suelen ser caprichosas. A veces se insinúan y nos rondan de cerca por años; nos guiñan un ojo, nos tocan la pierna por debajo de la mesa y nos arrojan destellos de lo extraordinario que sería narrarlas, pero todo se reduce a un juego de seducción, un idílico castillito mental del que nunca brota una primera piedra. Hay una idea que durante meses se aloja en lo profundo de la cabeza y cuando parece que va a germinar acaba diluyéndose como un puño de arena. Muchas quedan solamente en eso, meras tentativas y fugaces deseos. Hay una vasta bibliografía de libros que he deseado escribir y nunca fueron más allá de un garabateo de dos hojas. Éste, por fortuna, ha visto la luz. Desde hace no pocos años he querido narrar esta historia pero a veces en la narrativa no se manda. Es la historia quien decide cuándo debe ser narrada y también de qué manera. En su momento tuve (y acaso siga teniendo) demasiadas dudas sobre cómo contar la aleatoria vida de Kingo Nonaka. ¿Una biografía? Cualquier biógrafo serio me diría que mi trabajo nada tiene que ver con la historiografía, pues he recurrido a la imaginación para llenar no pocos vacíos y por momentos he tratado de usurpar los pensamientos  del personaje.

¿Cómo entonces contar la historia de Kingo Nonaka? He barajado tantas alternativas. En algún momento he pensado en darle voz a Kingo y escribir en primera persona su apócrifo diario o renunciar a cualquier asomo de voz ensayística, borrar reflexiones, contextos históricos y simplemente dar voz a los personajes. Asesinar a mansalva ese odioso tonito de biógrafo y dejar a Nonaka correr libre por su novela. Pensé también en un hipotético y mentiroso álbum fotográfico, una pequeña historia  para cada imagen a la manera de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob. Demasiadas ideas surcaron mi mente y al final salió El Samurái de la Gráflex. ¿Es entonces una novela, una biografía novelada? Me parece que la historia tomó su propia vereda. Creo, o quiero creer, que las cosas aquí narradas son verdad. Estas páginas se alimentaron, sobre todo, de las largas charlas que tuve con Genaro Nonaka García, hijo de Kingo Nonaka y de la lectura de las escuetas memorias que el personaje dejó en herencia. Desgraciadamente, en las toneladas de bibliografía existente sobre la Revolución Mexicana hay mínimas referencias a este extraordinario inmigrante y lo que sobre él se ha publicado recientemente en periódicos y revistas, se da a consecuencia de la recuperación de su archivo y el borrador de sus memorias. Antes no había nada. Para la historiografía oficial Nonaka pareciera no existir y sin embargo el personaje, o su aliada la aleatoriedad, escribieron una historia fascinante. Tiempo de dejar zarpar este nuevo barquito.