El sabor amargo es uno de los cinco sabores básicos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Recomendación del autor: Escuchar a Hans Zimmer, Melodía: Time

Le dará otro tono, lectura, maridaje.

Tiene que en ocasiones el sentimiento llegar y embargar, abrazarme fuerte, como alguien que no conoce de emociones y necesita que las subrayen para saber que están ahí. Necesito sentir el extremo de un frío, del calor, ser sacudida para despertar de la hipnosis del pensamiento, que no hace uso de palabras mágicas, todo lo contrario, usa y reusa las mismas, como no educada, como que le faltan vocablos, pero su eficiencia es la misma.

Me encuentro a momentos distraída, distraída en el futuro que desconozco entre mis expectativas, mi numerología, mis predicciones, mis tonos de inclinación, mi signo astrológico y no me doy cuenta que estoy siendo amada, que me están extrañando, porque vago, vago en mi propia presencia, me voy de mi lugar de momento, no que no quiera la estabilidad es que me llenó de suspiros del pasado, estoy acostumbrada a no sentir siempre los dedos, menos los pies.

Los tiempos son los climas del alma que nos traen entre uno y otro, entre el pasado, presente y futuro, nos mueven, nos cambian, nos preparan, nos dan la temporada de nuestra vida y yo voy a verano con abrigo y mis botas largas, insultando algo, contaminando mi camino. Todos hablan de afuera y yo siempre dentro de alguna habitación de mi cuarto, de una burbuja interna, de una gota de oxígeno que me deja respirar entre tanto archivo, palabras, fotografías, voces y aromas, me da alergia este polvo, me enferman ciertos nombres, me hacen estornudar algunas memorias.

Somos intelecto que habita lo perecedero, somos hiladores de palabras, conexiones de ideas. Todo esto que pretende ser un humanoide preocupado por la moda de la semana, vive tan solo su experiencia como todos, enfocados afuera para no iluminar lo de adentro, no porque siempre este el caos, sino porque con frecuencia es mejor comenzar desde lo sencillo.

“No soy normal” a veces pienso, pero todos coquetean con el mismo adjetivo, ¿es que somos complejos, diferentes, de tonalidades distintas, de gustos y sabores, ¿cómo nos denominan?, ¿cómo nos clasifican?, ¿cómo logra alguien leernos?

Tal vez sólo en la privacidad de dos, y a días de uno, ahí soltamos nuestra tinta como pulpos, soltamos nuestras emisiones como soles, nuestros sonidos como instrumentos, en ese espacio que tiene que ser llenado afuera, en ese espacio que está sobrepoblado dentro. Y pensar que hay personas que se piensan poco, que no interpretan nada, que son vagos y comunes, a ellos no les falta despertar, les hace falta que les crezca un tercer ojo y si la luz les lastima, que se compren gafas.

 

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