El riesgo de quitarse la vida

Por Maru Lozano Carbonell

Desde 2003, cada 10 de septiembre es el día mundial para la prevención del suicidio. La OMS y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, fomentan en todo el mundo medidas prácticas y compromisos para evitar este acto. Según esta organización, cada año se suicida casi un millón de personas, una muerte así cada 40 segundos.

Pero este día se pone énfasis en los intentos porque es alarmante saber que son veinte veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado. El suicidio puede prevenirse, se trata de un fenómeno multifactorial donde hay que ver lo psicológico, lo sociológico, lo moral, lo biológico, ¡todo!

La autoagresión y el vacío existencial son factores que sirven para comprender el origen de una idea suicida. Cuando no se canaliza adecuadamente la descarga violenta, surge el sinsentido, es decir, no se encuentra sentido a la vida y es en este estado cuando se empieza a alejar de la propia identidad, se hace enorme zanja con la realidad y por supuesto se lanza a la depresión, aburrimiento, hartazgo, pesimismo, apatía, etc.

Hay que crear conciencia, no nada más cada diez de septiembre porque en medio de la pandemia y los cambios que estamos viviendo, todos necesitamos encontrar significado a nuestras vidas, es que no debe ser que tres mil personas diarias se quiten la vida.

La incapacidad emocional de enfrentar cierta realidad, cierto reto, es lo que pone tristes. Habría que estar alertas a lo interno y externo. ¿Hay consumo de sustancias o medicamentos? ¿Qué tal esas redes sociales? ¿Lo está viendo un psiquiatra? Este sería el doctor adecuado para medicar y tratar junto con psicoterapeutas, las patologías y trastornos que le hacen vulnerable.

Si notamos que la persona ha cambiado mucho, ha roto relaciones afectivas, ha modificado drásticamente otro tipo de patrones que le conocíamos, habría que tener la sutileza de acercarlo a profesionales. No es tan fácil como decir, comparar, exigir y aventarle un “échale ganas”, ¡definitivamente no!, porque se trata de una patología, es decir, una enfermedad y si alguien está enfermo, hay que llevarlo a un médico.

Las estadísticas nos dicen que intentos por quitarse la vida son gritos desesperados en busca de ayuda. Dicen los expertos que no se trata de “querer llamar la atención”, son signos de alarma que tienen que ser atendidos. Así que, si se escucha que los afectados hablan o verbalizan: desesperación, muerte, mucha culpabilidad, euforia o al revés, excesiva depresión, comportamientos autodestructivos como beber alcohol en exceso, drogas, se hieren el cuerpo o cualquier actitud extraña o de extremo silencio, ayudar y encauzar es lo adecuado.

Se va a requerir de muchos expertos en varias disciplinas, médicos, psicoterapeutas y un gran soporte de amor por parte de los allegados.

El éxito, como se entienda, tenerlo todo y demás esquemas considerados óptimos, no son una vacuna para la depresión. Tenemos que concebir esto como lo que es, una enfermedad porque para quienes la padecen, es un querer acabar con esa situación que les duele, no tanto con la vida y por ahí hay que auxiliar y acompañar. Ellos piensan que todos estarán mejor sin ellos y que suicidarse es mejor que decepcionar.

Apertura, información, acompañamiento, no juzgar, tratar y evitar que sea la segunda causa de muerte de jóvenes en México.