El resultado de nuestro trabajo

Por Maru Lozano Carbonell

Estoy convencida que, en lo económico, en lo político, en lo productivo, en lo cultural, en lo social, en lo religioso, ¡en todo! podríamos ver el resultado de nuestro trabajo como adultos con un simple observar.

¡Observemos a los adolescentes! Ahí está lo que hemos hecho como papás, como maestros, como directivos, como familia y como autoridades de todo tipo. Lo primero que vemos de nuestro trabajo con ellos es “el miedo”. Nos asusta porque representa un reto y una problemática ya que tenemos que movernos con creatividad. Difícil porque es un proceso para el que no estudiamos, los cambios tecnológicos y demás nos ponen en la lona.

Pero lo cierto es que nos estamos equivocando demasiado. Educamos recordando lo que nosotros vivimos cuando jóvenes y eso funciona a veces, pero como los muchachos de hoy han adquirido un poder bárbaro, nos trepan y aplastan. ¿Quién dio ese poder? Los papás jóvenes y ocupados de hoy, las escuelas permisivas con tal de conservar matrícula, las escuelas oficiales que frente a grupo tienen docentes, en su mayoría, desinteresados; la ley que no ayuda, los dispositivos en manos de los chicos abiertos y dispuestos con toda la información del mundo. Literal.

Entonces, ser permisivos o muy autoritarios nos quita equilibrio. Se dice que lo mejor es “negociar” porque los adolescentes viven para demostrar que ellos pueden más, desobedecen, se burlan y si no actuamos con inteligencia, nos ganan. Tendríamos que entender que ¡se están formando! No por estar grandes de tamaño y con voz fuerte, querría decir que saben decidir. También están formándose para su independencia y con lo que los adultos estamos haciendo, ¿estarán listos para enfrentar al mundo? ¿Los estamos formando o deformando?  Es que parece que estamos diseñando gente que será “enemiga” global.

Agreguemos lo hormonal, las adicciones al alcohol y drogas. El exceso al acceso nos dificulta el dominio. Por eso es importante informarnos como adultos y aprovechar las oportunidades que tenemos para escuchar a los jóvenes y juntos googlear información, debatirla y con nuestra potencia y experiencia, exponer el tema. La información quita el miedo.

Cuando hablábamos de “negociación” se trata de poner límites, no amenazas. El ejemplo también es protagonista. La constancia en nosotros como adultos, será la firmeza que los guíe y edifique en la opción correcta, no la terquedad en lo obsoleto, sino en la solidez de la estructura que los soportará. Recordemos que ellos imitarán siempre y, al momento de decidir, ¡seguro nos emularán!

Para negociar es buena técnica evitar decir “sí” o “no” de tajo. Habría que acompañarlo de: “cuando sería sí” o “cuando sería no” basado siempre en condiciones marcando reglas. ¡No dar todo, no quitar todo! Pero, ¿cuándo se nos hace bolas el engrudo? Fácil, cuando los adultos no estamos de acuerdo y los chavos encuentran con habilidad la rendija para colarse y abordar el barco más próximo.

Los adultos deberíamos unirnos y jugar los roles para dialogar con los adolescentes con convencimiento fundado en datos y razonamientos y así irles entregando la responsabilidad de sus vidas poco a poco. Esto también nos quitaría el temor.

Esto es educar, extraer lo mejor de ellos ¡como sea! Ya no apostemos por solapar lo peor porque las consecuencias las padeceremos sin control.