El respeto entre iguales

Por Laura Torres Ramírez

Este año se cumple el 70 aniversario de la publicación de “Rebelión en la Granja”, obra del británico George Orwen, fábula de donde surge la popular frase “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”. Desde entonces, 1945, el mundo ha evolucionado transformando no solo el entorno físico que habitamos, sino también, y quizá más importante, la forma en que vivimos.

 

Solo tres años después, en 1948, la debutante Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo primero inicia con la aseveración “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

Y es que la tentación de asumir una postura de superioridad ante los demás nos ha acompañado a lo largo de la historia; indistintamente si la motivación es moral, religiosa, económica o racial, cada episodio de intolerancia se ha saldado con una dolorosa lección, por ello, los contrapesos jurídicos a la autoridad y a grupos sociales radicales son necesarios, a fin de que el derecho se imponga a la voluntad de un individuo o de una minoría, en beneficio de la convivencia armónica de todos.

De acuerdo con la Encuesta Nacional  sobre Discriminación en México (ENADIS) elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación, las conductas como maltrato, segregación, marginación o desprecio a personas o grupos concretos, tienen aún hoy una fuerte presencia en nuestro país, y desafortunadamente Baja California no es la excepción.

La ENADIS revela la realidad social de los bajacalifornianos: la riqueza es la primera causa de división; 4 de cada 10 piensan que los niños solo tienen los derechos que sus padres les quieran dar y no los que la Ley les reconoce; que más de la tercera parte de la población no aceptaría que en su casa viviera una persona homosexual, que padeciera VIH o que tuviera ideas políticas, culturales o religiosas distintas; e incluso, no aceptarían vivir con un extranjero.

Con una población que en 2015 alcanza ya los 105 mil habitantes, Rosarito no solo es el municipio más joven en todo sentido, sino también el más diverso, por ello resulta idóneo como ejemplo; con 51 hombres por cada 49 mujeres, la tercera parte de los rosaritenses aún no han cumplido la mayoría de edad, en contraste, nuestros abuelos representan apenas el 5% de la población; además, somos un amalgama cultural consecuencia de la migración, apenas el 40% de la población es nativa del municipio, la mitad nació en otro estado y cerca del 10% son extranjeros. Así cada municipio tiene sus rasgos propios.

Si queremos vivir en una sociedad próspera y pacífica necesitamos aprender no solo a producir bienes materiales, sino a convivir respetando nuestras diferencias, por ello, desde el Congreso del Estado he impulso reformas que amplían el reconocimiento a los derechos humanos, para que no haya unos más iguales que otros, sino que todos nos tratemos sinceramente como iguales.

lauratorresrosarito@gmail.com

f: Laura Torres  t: @TorresLauraL

Diputada XXI Legislatura

Ex Presidenta CCE Baja California