El Reacomodo

Por Juan José Alonso Llera

“Nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día”.

Sin duda alguna “ya nada será igual”, y el que no lo entienda así, está condenado a salir de la jugada cada vez más rápido. La propagación del coronavirus a nivel global ha interrumpido todo el sistema económico mundial.

Aunque sacar conclusiones en este momento es prematuro (porque nadie sabe lo que pasará), podemos ir examinando algunos aspectos, que tarde o temprano habrán de estudiarse a profundidad. La clave será el alcance de las reformas y correcciones necesarias a hacer en todos los planos a fin de devolver al comercio, a la vida, a la salud y a la espiritualidad su dinamismo natural, como elemento esencial de la prosperidad de las sociedades avanzadas.

El PIB a nivel mundial caerá radicalmente con mucha disparidad entre regiones y esto ocasionará más de 60 millones de nuevos pobres, además de los muertos que ascenderán a casi un millón. Bajo este escenario es evidente que el mundo tendrá que modificarse.

En un análisis muy interesante de expertos de la BBC, hacen los siguientes planteamientos que creo debemos de considerar.

  • Seremos más dependientes de la tecnologia por un largo tiempo. Desde el Zoom hasta los grupos de WhatsApp, para muchos de nosotros las plataformas digitales se han convertido en la única forma en la que podemos trabajar, ponernos en forma, educarnos y entretenernos.
  • Las compras de ropa, ahora se trata de la supervivencia del más apto. Las empresas que gozan de buena salud financiera y son capaces de dar a los clientes lo que quieren, prosperarán. Sin embargo, los jugadores más débiles, que ya están lidiando con la caída de las ventas, el aumento de los costos y la intensa competencia, se quedarán en el camino durante los próximos 18 meses.
  • El trabajo en la casa podría hacer que la hora pico o punta pase a la historia, lo que podría afectar los valores de las propiedades en las zonas cercanas a los centros de trabajo. El personal también exigirá más de los empleadores en términos de flexibilidad, instalaciones y seguridad en el trabajo.
  • Menos vuelos, subirá el precio de los boletos, los modos independientes y ecológicos de transporte, como la bicicleta y las patinetas motorizadas, se volverán más populares, aunque algunas personas optarán por ir en automóvil.
  • La enseñanza se ha trasladado online, con clases virtuales a una escala jamás vista, pero eso ha resaltado la preocupación de que la pobreza digital está marginando a algunos niños, hay una minoría significativa que no tienen acceso inmediato a un dispositivo propio que puedan usar para sus tareas escolares.
  • Aire limpio y carreteras tranquilas: en la más lúgubre de las circunstancias, el confinamiento impuesto por el coronavirus nos da un sentido de cómo se vería un mundo más verde.
  • La relevancia del fútbol ha quedado en perspectiva.
  • Habrá una recapacitación sobre qué productos serán considerados «estratégicos», claves para la supervivencia de una nación. Se podrían producir más cerca de casa o buscar un proveedor alternativo.
  • La pandemia no eliminó las tensiones globales.

Por eso, yo creo que ningún nuevo mundo surgirá en automático cuando todo esto pase. Al fin y al cabo el coronavirus, es un enemigo pequeño y la solidaridad ha sido enorme.

Los que cambiaremos al mundo, cuando todo esto acabe, seremos nosotros. Porque si algo hemos aprendido peleando contra pandemias es que cosas maravillosas suceden cada vez que estamos en situaciones adversas. Y pasan cuando todos juntos empezamos desde cero. Un gran detox que nos debe llevar a una mejor sociedad que vivirá en un mejor planeta.