El racista de closet

Por Juan José Alonso Llera

Hay días en los que me las cosas me confunden y actúo de manera confusa. Les he insistido hasta el cansancio con el tema de la inclusión y la inteligencia cultural, pero estos días en mi paso por Centro y Sudamérica, he experimentado actos que me generan un galimatías. Primer día un grupo de turistas indios (de la India, que no hindúes, esa es una religión, de la que pudieran ser practicantes o no) no tuvieron la delicadeza ni el respeto de la puntualidad, esperamos por ellos 40 minutos, salieron desaliñados, sin bañar y expidiendo un fétido olor durante todo el tour, además de espera tras espera en todas las actividades, se cruzaban en muchas fotos.

Siguiente día, un obeso paisano de la honrosa Ciudad de México no paró de roncar en estéreo durante todo el camino, sin vergüenza alguna, en ese mismo trayecto un grupo de japoneses, que dicho sea de  paso son los que hablan con el mayor número de decibelios en el mundo, no pararon de gritar.

La cereza del pastel fue una pareja de chinos que decidieron sentarse en nuestros lugares, ¡ahí sí!, ya no pude más, con la poca amabilidad que me quedaba los obligué a levantarse, bajo la consigna de que pusieran atención a las instrucciones previas de cortesía y respeto dadas por el guía. Pero no todo fue malo, al siguiente día me tocó compartir con un nutrido grupo de gente de color, que se portaron increíblemente bien, rompiendo con todos los estereotipos.

En fin por más que trataron todos estos colectivos, no lograron amargarnos el viaje (o ni siquiera se percataron de ello, y yo fui el sentido), pero sí provocaron que me cuestionara si soy un racista de closet, o simplemente creo que hay gente mal educada en todos los países y se juntaron a manera de complot en este viaje, o ¿soy poco tolerante?, o, ¿estoy harto de que la gente sea de donde sea no respete a los demás y vivan en su propio egoísmo mal plan?

Conociéndome profundamente, soy un firme creyente de lo que comparto y en este caso simplemente NO soy racista, aunque lo parezca, solo he puesto el dedo en la llaga, tratando de no hacer a los demás lo que no me gusta que me hagan y al puro estilo de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”, sea en el idioma que sea.

Desgraciadamente hay días que los estereotipos me jalan y me transforman en un monstruo de mil cabezas, que no se puede contener. Espero que esta reflexión que pudiera ser hasta frívola, no empañe un día tan feliz como el día de hoy mi lector querido. Sin duda es difícil hablar de estos temas sin ofender a alguien, simplemente traté de poner en la mesa pensamientos que nos pasan por la cabeza, según yo lo hago con respeto, ya que solo describo lo que vi y sentí, pero de antemano pido una disculpa si alguien se agravia.

En un mundo cada vez más inclusivo hay que diferenciar entre educación y estereotipos, teniendo cuidado con la forma en que reaccionamos, hablando de los hechos y no de las personas, pero a veces el coraje, nos arrebata el pensamiento y saca lo peor de nosotros.