El que convierte, no se divierte

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Era nuestro primer día en Dinamarca. Tan pronto llegamos, saqué dinero del cajero automático: 250 coronas danesas para ser exactos. En esa ocasión no había investigado el tipo de cambio y sin saber cuánto costaban las cosas, se me hizo fácil sacar esa cantidad haciendo una relación con el dólar y el euro, pensando que eso me alcanzaría para mis alimentos y alguna otra cosa que me antojara durante mi estancia en ese país nórdico.

Era un día nublado y frio en Copenhague y habíamos estado recorriendo la ciudad y de tanto andar en el frio se antojaba entrar tomar un café (una actividad que amo hacer cuando viajo). Al ver una cafetería cruzando la acera y como me encanta consentir gente, emocionada les pedí a Valente y a nuestro amigo danés Michael que paráramos a tomar un café, que yo invitaba. Esbozaron una sonrisa y gustosos aceptaron mi gran idea.

Entramos a la cafetería e impetuoso, Valente pidió un chocolate caliente; seguido de él, Michael y yo ordenamos capuchinos y un trío de postres. Al terminar, llegó la cuenta y pagué 226.40 coronas danesas por nuestro pequeño tentempié, sobrándome solo 23.60 coronas de las 250 que había sacado del cajero esa mañana. Cabe mencionarles que ese cambio, no me alcanzaría ni siquiera para otro capuchino, pues costaban 32.70 coronas.

Al quedarme sin dinero y darme una idea de cuánto costaban las cosas en Dinamarca, tuve que regresar al cajero ya con la referencia del tipo de cambio de 0.15 centavos de dólar por corona danesa y solicité entonces lo suficiente para terminar mi viaje en esa ciudad.

Con esta anécdota les recomiendo que si tienen pensado salir de viaje al extranjero, tienen que tomar en cuenta no solo cuánto dinero necesitan para sufragar los gastos durante su estancia, sino por lo menos saber cómo está el tipo de cambio de las monedas locales. Si bien es cierto, que el dólar al ser una moneda de uso corriente para las transacciones comerciales, es aceptada en todo el mundo, hay países con economías tan sólidas que el dólar no es una moneda que les importe.

Con la tecnología actual en donde estamos a un paso de pagar todo desde un dispositivo móvil, hoy sabemos que podemos pagar con las tarjetas de crédito o débito e incluso sacar dinero de cualquier cajero automático en red, que hay alrededor de todo el mundo.

Lo cierto es que se puede estar en el pueblo más recóndito del planeta y mientras haya internet, las posibilidades de encontrar un ATM (Automated Teller Machine) son enormes. Lo interesante viene cuando te aparecen las alertas de los cargos cada que pagas o sacas dinero, y comienzas a no entender cuanto valía la moneda local o cuanto te cobraron de comisión; pero no te enfoques en hacer las conversiones si quieres disfrutar y hazlo como yo.

Establece un presupuesto diario e investiga cual es la relación de cambio e infórmate cuánto cuestan las cosas en cada país; pero no te la pases convirtiendo porque sufrirás tus vacaciones pensando, que si gastaste mucho, que si la comisión fue alta, o que el tipo de cambio fue exagerado.

Regresando a mi mente ese día del café. Lo único que pasó es que si no me hubiera alcanzado el dinero hubiera pagado con la tarjeta de débito, pues ya tenía mi presupuesto diario que había ahorrado para esas vacaciones. Así que cada que viajen no olviden que el que convierte no se divierte.