El otoño del descontento

Por Jorge Alberto Gutiérrez

 

Nuestro México bravo ha despertado otra vez y las cosas nunca más volverán a ser igual.

Eso quisiéramos pensar y nos gustaría que así fuera, pero el tiempo nos ha demostrado lo contrario una y otra vez.

Convergen en espacio y tiempo diversos conflictos y asuntos pendientes que de manera coyuntural, hacen quedar muy mal parados a todos los órdenes de gobierno, a algunos medios de comunicación e inclusive a sus nobles causas.

La masacre de Tlatlaya, el descontento de los estudiantes del Politécnico, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la pareja imperial de Iguala, la “Casa Blanca”,  la licitación del tren Ciudad de México-Querétaro y su posterior fallo y cancelación, la respuesta represora a las manifestaciones mayoritariamente pacíficas, han puesto en evidencia el hartazgo popular.

La histórica serie de abusos contra la sociedad, el desmesurado enriquecimiento de la clase política, la rampante impunidad, la desvergonzada censura y la manipulación desde medios de comunicación, rematados todos éstos con represión hacia gente inocente que lo único que hace clama justicia y honestidad.

Tampoco podemos ocultar que dentro de los grupos que ejercen su derecho a manifestarse existen algunos que aprovechan para vandalizar y otros que se infiltran para provocar. Pero son los menos y a ellos, es a quien habría que controlar ya.

Ha sido en este despertar, en el que grupos heterogéneos se han organizado brillantemente para salir a reclamar, exigir y señalar, y es ahí donde el papel clave que han jugado las redes sociales queda como evidencia de que muchos medios de comunicación han perdido credibilidad y son sustituidos por medios virtuales que es donde realmente palpita el sentir de la sociedad, donde se discute, señala y desahoga el descontento de los mexicanos.

Esto no es nuevo y extraña que los políticos mexicanos hayan subestimado la capacidad de organización  de a una sociedad harta a través de las redes sociales. Primero sucedió en el denominado movimiento conocido como “Primavera Árabe”, iniciado en Túnez durante 2010, provocando eventualmente la caída del gobierno y contagiando sucesiva e ininterrumpidamente hasta el día de hoy, a casi una veintena de países que a través de la movilización social han sacudido a dictaduras y democracias por igual tanto de manera pacifica como en Omán, Sudán y Mauritania, como en verdaderos conflictos armados muy violentos en Libia, Siria e Irak.

El poder y la libertad de las redes sociales, se han convertido en las nuevas poderosas herramientas y armas de las rebeliones y revoluciones. Es muy difícil apagar este nuevo tipo de expresión sin llegar a coartar libertades y derechos humanos como en Corea del Norte, Cuba y China.

 

Es entonces, una pelota que sin duda alguna está en primera instancia en la cancha del ejecutivo federal y los legisladores. Si deciden continuar con la farsa que han montado o si mejor escuchan el clamor de las mayorías e inician un diálogo sincero y abierto con la sociedad, siguiendo el sabio, viejo y milenario Chino refrán:

“Es mejor volverse atrás, que perderse en el camino.”