El mito de no recordar

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No podemos irnos de un lugar ignorando lo que es ese lugar, ¿o sí?, ¿no podemos ir sin ver lo hay adentro, que lo contiene, que lo ha hecho y formado?, y los que saben hacer eso que me enseñen como, prefiero más la práctica que la teoría en estos casos. Somos explorados innatos, curiosidad que da la inteligencia y así de todas formas decidimos ignorar tanto y a tantos. Espacios en humanos, palabras en bocas, sentimientos en cuerpos, ignoramos y nos vamos, como si la vida pudiera comenzar de cero, como si uno mismo pudiera comenzar de nada y en nadie, como si no existiera validez en tanto y en tantos.

Aprendemos a cerrar puertas únicamente porque así nos engañan que existe un pasado y no, hay momentos en que todos los tiempos pasan juntos y allí hierve, allí es el ojo del huracán.

Ignoramos al otro porque hay días que la carga propia nos satura y no hay espacio para nada, para nadie. Nos vamos y pretendemos no conocer para evitar que nos conozcan, para que no viva el lazo, para que no exista el apego, para que no dependa nada de uno en el otro, porque así nos enseñaron o porque alguien que nos importó tanto pretendió hacerlo y dejo marca, dejó cicatriz e historia.

Y nos engañamos porque la naturaleza humana es de relaciones, de grupos, de comunidad y nosotros después de haber leído un libro oscuro, o después de haber sido bañados por el desprecio de alguien optamos la imitación vulgar, donde despreciamos y hasta la mímica se hace y se logra.

Nadie queda atrás de eso es seguro, siempre existirá la memoria, un sonido, aroma, palabras que recordarán eso aparentemente dejado y por tantos, presumido como “superado”.

Los humanos podemos ser lugares donde otros se pierden o encuentran, objetos que arropan, enfrían, adornan o tal vez avergüenzan, historias que se guardan, se cuentan o nunca se mencionan, otras que abruman y entristecen, emociones que avivan o paralizan.

El humano es todo lo que refleja y también empaña. No podemos ignorar al otro, ignorarnos en el otro, no podemos ignorar los lugares, los lugares que nos contienen nos dan forma y espacio.