El mes presente

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Estos días los disfruto más que otros, llegan cargados de aromas, sentimientos, memorias y significado. Pienso que es el tiempo en el que más recuerdo mi infancia, donde más me siento niña, donde deseo regresar a esa niñez o quizá a las cualidades de ser pequeño y ver el mundo como si fuera la primera vez y descubrirlo.

Busco la ilusión en las mañanas y lamentablemente me llega con acción retardada en mis noches largas para sabotear mi sueño, pero luego llegan las horas tempranas y alcanzó el café, la plática con mis padres, el limbo del televisor y guardó mi agenda de adulta, el teléfono de los distantes y me enfoco en estar, apreciar y en el cobijo que puedo valorar.

Viene mucho frío, frío del mundo, de algunas conciencias, de algunos vacíos y distancias; tenemos que hacer calor y leño de las memorias, del prójimo, de nosotros mismos, arder si se vuelve necesario. Retomar las formas que nos salvan, recordar lo que somos y volver a la empatía de uno mismo, esa suavidad y desapego, la tradición de la esencia.

Diciembre es el último mes del año y con ello llegará mentalmente ese resumen del círculo de la vida, quienes siguieron, quienes se fueron, quienes ya no están, quienes se despidieron y quienes estamos para pensarlos y contarlo todo esto.

Tenemos y debemos mantenernos a flote, porque viene un nuevo año, nuevas vidas, nuevas esperanzas, nuevas rutinas y una nueva fase en la vida de todos; no será perfecto, pero debemos de todo vivirlo para poder atravesarlo.

No espero regalos debajo de mi árbol, el mayor presente lo tengo todos los días, pero me es necesario recordarlo, que no me devore la indiferencia y la rutina, respirar y ser paciente.

Se vuelve indispensable: ver a los ojos, escuchar las palabras, compartir las propias, abrazos largos y dejar que entre todo eso, que floten las palabra del “te quiero”, “te contemplo”, “me eres importante” y entonces el tiempo es el mejor escenario y nuestra atención el mejor narrador de la historia.

Soy la niña con toda su familia unida (Vease: palabra unida en tiempos de pandemia), con gente que la ama, pero le juego por deber a la crecida y a la adulta que sabe de prioridades, pero últimamente me he estado aterrizando y practico recordar lo que es no reemplazable y me obligo a no olvidar y dejar que pase en vano estos días, en mi favorito mes, en un cambiante y fuerte año.