El maravilloso museo de Orsay

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

A veces regresar a algunos lugares es como ver nuevamente una película que te gustó mucho pues descubres cosas nuevas que no habías visto antes, pero en ocasiones esos lugares tienen novedades relacionadas o con la temporada o como en el caso de los museos, la novedad son las exposiciones temporales. El museo de Orsay es mi museo favorito debido a que es la casa de los impresionistas y Adriana sabe que esa etapa artística es mi favorita y que soy gran admirador de Vincent Van Gogh.

Llegamos en tren desde San Germain en Laye tomando la línea RER A hacia el centro de París cuyo trayecto transcurre la mitad sobre tierra y la mitad en el subterráneo.

Al llegar a París tomamos el metro para llegar a la Plaza de la Concordia, aquella donde fueron decapitados muchos franceses durante la Revolución de 1789, que está a un par de cuadras del Museo de Orsay en la otra orilla del río Sena. El museo de Orsay ocupa el espacio que hace unos 100 años fue creado como una estación de ferrocarriles para la Exposición Universal de 1900, por el arquitecto Víctor Laloux y que para los años 70s se encontraba casi en total abandono.

En ella se alberga la colección de pinturas y esculturas del estado francés del período comprendido entre 1848 hasta 1914. Dicho período histórico es muy significativo para mí, y del que he estudiado cuanto documento, pintura o referencia ha llegado a mis manos.

Como cereza al pastel, se presentaba una exposición especial dedicada a Vincent Van Gogh y sus últimas pinturas que estará en Orsay hasta el 04 de febrero. Debido a la gran demanda por ver esta exposición temporal se recomendaba comprar los boletos con anticipación y hacer reservación para la hora de ingreso.

Nosotros escogimos las 12 del mediodía por la facilidad de llegar al lugar y fue lo mejor porque al llegar al museo había largas filas para comprar boletos. Gracias a que teníamos los boletos y la reservación, la espera fue mínima e inmediatamente nos dirigimos a la exposición temporal.

Fue un agasajo ver la obra de tan estimado pintor realizada en la última etapa de su vida y aunque mi periodo favorito de Van Gogh es el arlesiano, esta exhibición nos muestra a un Van Gogh rayando en lo abstracto, con un estilo muy avanzado para su época, y no bien valorado en su momento.

Tuve el gusto de ver tanto pinturas de la colección particular del museo, como obras prestadas por otros museos y de colecciones particulares de difícil acceso procedentes de todo el mundo. Las horas pasaron y era un deleite dirigirte de una sala a otra. Al terminar la cita con Van Gogh nos dirigimos a ver el resto de las pinturas y esculturas de la colección permanente, que contiene quizás la acumulación más grande de arte impresionista en todo el orbe.

Una sala muy curiosa que no recuerdo haber visitado con anterioridad estaba dedicada al Estudio Eiffel, que durante muchos años fue famoso por sus obras a base de hierro y que encontraron su pináculo con la construcción de la Torre Eiffel, conocida por todos ustedes mis amables lectores.

En fin, sin duda Orsay es un museo que no se deben perder si viajan por primera vez a París, o en su próximo viaje a Francia, algunos dirán que es más disfrutable que el museo de Louvre, yo solo diré que es diferente y hay que conocer ambos, pero reiteraré que mi favorito es Orsay.