El maestro Schottenheimer

Por Dante Lazcano

Cuando anunciaron en el 2002 la directiva de los San Diego Chargers la reestructuración que fue objeto el equipo en la que se incluyó a Marty Schottenheimer como entrenador en jefe, confieso que nunca pensé que sería, quizá la última decisión más grandiosa que hubiera tomado la directiva del equipo.

Acompañado de un equipo conocedor y constructor de equipos de calibre de Super Bowl encabezado por John Butler como gerente general y jefe de reclutamiento a Buddy Nix, el maestro Schottenheimer no sólo se convirtió en un contendiente, sino que volvió referente a la ciudad que lo albergaba.

Fiel a su costumbre, pues en Cleveland aplicó la formula, la repitió en Kansas City y remató en San Diego, hizo de los Chargers a un equipo dominante en las tres fases del juego.

Sus discursos, porque no eran conferencias de prensa después de los partidos, eran realmente memorables, emotivos, era tan convincente en su decir y actuar, que si se hubiera dedicado a vender hielos en el ártico, seguramente le hubiera vendido bolsas a los esquimales.

Pero el fracaso del 2006 en el que de una campaña histórica de 14-2, 12 jugadores a Pro Bowl, récord que se mantiene de LaDainian Tomlinson de anotaciones en una temporada y por tierra, dio por terminada su relación con la directiva del equipo y en mi caso, siempre me quedaré con la duda de qué hubiera pasado en el 2007 pues encima de todo volvían al roster 20 de 22 jugadores titulares.

Al final el entrenador se quedó como el octavo máximo ganador en la historia de la NFL con 200 triunfos, 205 sumando la postemporada, pero precisamente el pobre desempeño en los playoffs son los que lo ubican como a un estratega del ya merito que en esa fase terminó con 5-11 y con los tres equipos mencionados a un pasito de ganar todo.

Debido a complicaciones derivadas de Alzheimer, Marty Ball, o para mí el maestro Schottenheimer, dejó de existir.

Reflexionando un poco lo que fue su carrera, al final tres momentos hicieron la diferencia entre haberse quedado en la orilla o haber sido un estratega de elite.
Con Cleveland un balón suelto de Ernest Byner, cuando todo indicaba que derrotaban a Denver, le impidió llegar al Super Bowl a mediados de los 80s; para finales de los 90s pese a una gran campaña de Rich Gannon como suplente, en el juego divisional regresó la titularidad a Elvis Grbac, decisión que le costó la derrota y desperdiciar una gran temporada con Kansas City; y con los Chargers en el 2006, un balón suelto de Marlon McCree en cuarta oportunidad permitió que los Pats de Nueva Inglaterra escaparan con una improbable victoria.

Insisto, el último gran entrenador que hubiera tenido el equipo del rayo se fue y el futbol americano profesional pierde a un gran referente, ojalá y muy pronto sea exaltado al Salón de la Fama, pero yo lo único que puedo decir es gracias por todo lo que hizo y dio por y para el fútbol americano.

¿Y el Super Bowl ‘apá?

Cierto, Tom Brady es letal en postemporada, pero si algo me enseñó esta postemporada de la NFL fue que si un equipo llega enrrachado, pero principalmente balanceado, sin importar nombres, el resultado será que terminarán con el campeonato.

Mis dos centavos

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