El maestro español

Por Juan José Alonso LLera

“La falsificación genera un problema sólo si tiene éxito, es decir, siempre que la falsificación esté tan bien diseñada que no se descubra”.

Hoy que una de las inversiones más rentables es el arte, es increíble el porcentaje de falsificación de obras de arte, principalmente de bustos y estatuas romanas.

Depende lo que leas, pero en el arte en general se calcula que el 15% de lo que existe en el comercio internacional es falso y si nos vamos a las piezas en Europa, este número puede llegar a un 50%, es por eso que decidí platicarles sobre uno de los falsificadores modernos, llamado el maestro español, que dicho sea de paso tiene una identidad secreta.

La definición es clara: hacer o fabricar una cosa falsa, que sólo aparente ser real.

En los selectos círculos de la compraventa de antigüedades, hay un nombre que provoca inquietud e incluso temor entre coleccionistas y vendedores, recelosos de convertirse en víctimas suyas. Un hombre que ha conseguido hacer pasar sus obras por auténticas engañando incluso a reputados expertos. Se trata del “Maestro Español”.

Es uno de los falsificadores más hábiles de los que se tiene noticia. Recibe ese nombre porque se cree que actúa desde algún punto del sur de Europa; durante un tiempo se especuló con que tenía su base en España, pero en la actualidad parece más probable que tenga su taller en algún lugar de la región de Nápoles, e incluso se dice que tiene vínculos con la Camorra, mafia italiana.

Su especialidad son las estatuas de bronce de la época romana y lleva al menos cuatro décadas (las piezas sospechosas más antiguas aparecieron en la década de los 70) colocando en el mercado sus creaciones.

Las esculturas atribuidas a este falsificador son cabezas o bustos, generalmente con su parte inferior rota o desgarrada (como si hubieran sido arrancadas a la fuerza). Emplea metal antiguo (se cree que lo obtiene fundiendo objetos antiguos, como monedas de bronce) para engañar a los laboratorios, y consigue dotar a sus piezas con una pátina elegante y uniforme que aumenta su atractivo.

Su estilo no es del todo ortodoxo: los rostros que crea son expresivos, más de lo que es habitual en el arte clásico (una característica que sin embargo parece aumentar el interés por parte de los coleccionistas) y los peinados de las estatuas que crea en ocasiones no concuerdan con los habituales de la época en la que supuestamente se datan.

Stefan Lehmann, arqueólogo y profesor de la Universidad de Halle, es posiblemente la persona que mejor conoce la manera de actuar del Maestro. Lleva años investigando sus falsificaciones, y, aunque no las ha examinado todas, cree haber identificado al menos nueve de sus obras y estima que en la actualidad puede haber muchas más piezas (hasta 30 o 40) de su autoría en distintos museos y colecciones. Algunas de estas son piezas de gran relevancia, como una cabeza de bronce atribuida al emperador Adriano, vendida por la casa Sotheby’s en 2011 por casi 900,000 euros.

En un mercado tan suculento, con tanto dinero cambiando de manos, todo el mundo tiene mucho que perder.

Los subastadores temen que su negocio se resienta si los compradores creen que pueden ser engañados. Las esculturas que han comprado (a menudo como inversión) pierdan todo su valor si se demuestra que son falsas.

Los museos, que algunas de sus obras más importantes resulten ser falsificaciones. Y muchos expertos temen quedar desacreditados si se desvela que han certificado como auténticas obras falsas.

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