El libro de Geraldo

Por Guadalupe Rivemar Valle

giralunas5@hotmail.com

Es cierto que escribir se hace un vicio, es como una droga porque en un descuido y el escritor da el salto a otra frecuencia, lo que escribe deja de ser verdad y se convierte en cuento, en ficción, en una dimensión alterna donde todo es posible. En el periodismo serio no está permitido saltar esa línea entre realidad y ficción y hay que mantenerse apegado a los hechos. Respeto mucho a los buenos periodistas, pues reconozco que ese tipo de fidelidad me resulta difícil; cuando menos pienso, ya estoy inventando, aderezando sin permiso, fantaseando. El caso es que sin remedio, regresamos todos una y otra vez al vicio.

Ahora, que ver publicado un texto, es una verdadera hazaña; es como un premio por el esfuerzo o por el atrevimiento. El martes asistí a una reunión de periodistas que cada semana conviven en un desayuno, y ahí sobre la mesa, estaban unos libros, apilados. Eran libros del periodista Arturo Geraldo: La aventura d escribir. Mi sorpresa fue enterarme que Geraldo tiene más de veinte libros publicados y tuvo a bien obsequiarme un ejemplar. Llamó mi atención que uno de los motivos centrales de la publicación, rinde homenaje a sus compañeros de oficio ya fallecidos, es raro que un colega reconozca a otro y me pareció que esta actitud, en buena medida no solo habla de la generosidad de Arturo Geraldo, sino que dignifica al gremio. Rescatar del olvido a alguien implica, rescatar también una parte de nosotros mismos.

El libro avanza a manera de testimonio donde surgen nombres como el de Nicolás Armenta, Nicarlo, Jesús Blancornelas, Jesús Ríos, Edmundo Bustos, Sansón Flores y Don Rogelio Lozoya Godoy, entre muchos otros periodistas que fueron escribiendo la historia política, deportiva o social da la Tijuana de los años sesenta. Hay otro capítulo dedicado a un personaje que impactó al autor y se llamaba Guisseppe Ascolani Moretti. Un migrante italiano que arribó a Baja California por 1920, hombre de leyenda –escribe Geraldo- un marinero que se dedicaba a explotar la madreperla que abundaba por nuestras costas. Aquí se cuentan sus aventuras en altamar y su destreza para sobrevivir naufragios en mares tempestuosos, como todo un verdadero Sandokan. Así avanza el libro de nuestro periodista cuyas líneas me conmueven cuando describe su relación tan cercana con su madre, al grado de que alguna tuvo la ilusión de comunicarse con ella, a través de una médium.

Llegar algún martes a desayunar y a conversar con estos periodistas es un verdadero regalo. Están llenos de anécdotas y aun siguen vigentes, tienen muchas décadas escribiendo, opinando, arriesgando a veces la vida y a veces el alma, registrando el pulso de la ciudad. Entre ellos me siento muy privilegiada, en familia, como si estuviera rodeada de tíos que eventualmente me reclaman atención, tiempo y tareas. Desde aquí les reconozco: Don Óscar Genel, Juanita Ramírez Alfredo Martínez, Manuel Suárez Soto, cómplices todos en esta Aventura de escribir.

*La autora es promotora cultural.