El Home Office y su aislamiento organizacional

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

En mis dos más recientes colaboraciones he abordado el tema de teletrabajo o home office como regularmente se le conoce. Cómo la iniciativa de Ley que el Senado recién aprobó impactaba obligando formalmente a los patrones a proveer de todas o por lo menos las mismas herramientas de trabajo a quienes laboren bajo dicho esquema que le otorga a quienes lo hacen desde las instalaciones de la empresa. De lo contrario, puede existir el riesgo que un empleado pueda alegar que debido a que no contaba con lo necesario, es que no pudo desempeñarse con el esmero y la intensidad que marca la Ley Laboral. Este era solo uno de los varios riesgos que pueden tomar desprevenido a un empleador.

Por otra parte, en mi pasada columna hacía mención también de los riesgos en términos de seguridad e higiene que deberá prever el patrón, ya que aún no está muy claro cómo se resolverán situaciones que pongan en peligro la integridad física del colaborador por sus propias costumbres dentro de su hogar y si estas podrían en un momento dado ser calificadas como riesgos de trabajo.

Otro aspecto que ha resultado un tanto difícil para las empresas que ya hacen uso de este esquema de teletrabajo en otros países es el poder mantener un sentido de pertenencia en el trabajador para con la empresa. Esto en parte por la poca interacción social de sus colaboradores con sus compañeros -más allá de correos o mensajes rápidos- puede hacer que el empleado experimente un aislamiento organizacional que lo alejará de esas conversaciones que muchas veces surgen durante el trayecto de la sala de juntas al cubículo u oficina en las que se hacen acuerdos y se toman decisiones rápidas sobre algún proyecto o iniciativa. Mucho del desarrollo profesional también proviene del intercambio de ideas, de las observaciones de compañeros o líderes sobresalientes. ¿Cómo se genera un ambiente de trabajo en el que se incluya a los que trabajan desde casa? Esa es la pregunta que aún sigue sin responderse del todo.

Las empresas deberán definitivamente idear un modelo en el cual se pueda mantener la constante integración de equipos con actividades que deberán llevarse a cabo todos juntos en un lugar específico y no a distancia. Tal vez haciendo obligatorio presentarse a la oficina ciertos días al mes. Estableciendo juntas periódicas en las que, si no es posible asistir en persona, se haga por medio de video conferencia.

Es un hecho que pesar de parecer de inicio una opción atractiva pero incierta tanto para el patrón como para el trabajador, todas esas interrogantes que hoy se ponen sobre la mesa, con el paso del tiempo y sobre la marcha se irán resolviendo una a una. Y el mismo tiempo será el que indicará si este esquema de teletrabajo es una opción que brinde soluciones más que problemas.

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