El hijo que miente

Por Maru Lozano Carbonell

Los papás siempre creemos al cien por ciento todo lo que los hijos dicen, pero ¿si no dicen la verdad?

Cuando el hijo miente es por tres cosas: Una porque su deseo está lejos de cumplirse si dice la verdad. También porque cree que si se enfrenta a su error, le irá mal. Y la otra situación es que mienten porque si es en general una personita insegura, esto le lleva a sobredimensionar las cosas para ser protagonista o para llamar la atención.

Si como adultos tenemos en mente estas tres circunstancias por las cuales mienten, podremos abordar mejor.

Mentir es un arte y una habilidad que todos desarrollamos en algún punto de nuestro existir, solo que en los niños es mucho más frecuente e incluso ingenua y hasta chistosa. Pero será esencial que los grandes recordemos que cada vez que ellos mienten, están formando su personalidad y la manera en la que se relacionan con los demás.

Un hijo que miente tiene un desarrollo cognitivo muy avanzado y lo que necesita básicamente es encajar en su entorno. ¿Ganan algo los chicos al mentir? ¡Vaya que sí! Ganan poder, control, se sienten mucho más fuertes y sobre todo, capaces de manejar circunstancias. Es que si dicen la verdad, sienten que perderán todo dominio y lo que menos querrán es parecer débiles.

También dicen mentiritas porque saben que, ante lo que han hecho mal, podrían tener un castigo y sanción mayúsculas. Mienten para ganarse amigos y encajar en algún círculo.

Y ¿qué podemos hacer los papás y educadores? Apoyar su proceso de desarrollo de manera constructiva. Si no promueves la comunicación abierta y permites el error, no aprenderá a gestionar nada ni a autorregularse y seguirá diciendo todo menos la verdad.

Permite la expresión de las emociones, sentimientos y pensamientos sin que haya temor a ser juzgados o sancionados.

Modela el comportamiento de honestidad, que vean cómo asumes las consecuencias de lo que haces o no haces, de lo que dices o no dices para que aprendan de ti.

Practica con él las habilidades sociales como la comunicación asertiva y la empatía, quizá así disminuya la necesidad de decir mentiras para saber manejar cualquier situación social ¡avanzando!

Antes de gritar, checa bien por qué razón mintió el hijo, puede ser que de manera inocente, esté protegiendo a alguien. Es normal y en algún punto sano durante el desarrollo que los hijos mientan, pero debemos guiar su proceso.

Es posible que tu ambiente genere la mentira si eres un padre de familia muy castigador, un jefe que presiona sin escuchar, tu ambiente es tóxico o no tienes normas de convivencia. Si no se tienen reglas, la gente suele mentir. También el factor socioeconómico mal aplicado, obliga de repente a mentir al sistema. Si una persona es educada bajo creencias obsoletas, mentirá para preservar las propias. El acto de mentir es totalmente aprendido.

Sí hay gente con ciertos trastornos como los mitómanos o psicóticos, o diagnosticados como antisociales, ahí un psiquiatra y psicoterapeuta habrán de tratarlo. 

Se tiene que enfatizar en la toma de conciencia para crecer mente, emoción y cuerpo y así discriminar lo real de lo irreal. Ofrecer la opción de la verdad y sus beneficios a manera de educar. Ya nos lo decía la Madre Teresa de Calcuta: “La ruta correcta es la verdad”.