El grupo vulnerable, más vulnerable que nunca

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Poco después de haber iniciado la fase 2 de la dispersión comunitaria de Covid-19, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunciaba que firmaría un decreto en el establecía que se debería de otorgar un permiso con goce de sueldo a aquellas personas identificabas como las más vulnerables, ya sea porque son mayores de 60 años, porque estuvieran embarazadas o porque padecieran alguna enfermedad crónica que redujeran la respuesta de su sistema inmunológico a este virus.

De esta manera, las empresas se vieron obligadas enviar a sus casas a un número importante de personas con su salario y prestaciones intactas. El objetivo era que este grupo se resguardara en sus hogares sin verse afectados en su economía.

En el sector maquilador las empresas clasificadas como esenciales han tenido que contratar personal adicional para compensar la ausencia de los trabajadores vulnerables y poder seguir operando con un costo de mano de obra duplicado, ya que se le paga al vulnerable y al que lo sustituye temporalmente. Las empresas clasificadas como no esenciales no tuvieron más opción que detener sus operaciones y enviar a toda su plantilla con goce de sueldo. Para estos últimas el impacto fue aún mayor, ya que sin producir deben afrontar el pago a sus trabajadores. Todo en pos de “aplanar la curva” y sobrellevar esta pandemia con el menor impacto posible.

Lo cierto es que, un gran porcentaje de personas vulnerables y no vulnerables que fueron enviadas a casa sin la menor afectación económica no están cumpliendo y no se quedan en casa. Algunos lo han visto como una especie de vacaciones pagadas y es común verlos de paseo en la presa, en parques u organizando convivios a media semana y en fin de semana. Hay quienes han hecho de la sala de su casa una especie de salón de belleza y se dedican a colocar uñas acrílicas, pintar canas o hacer cortes de cabello exponiéndose al contagio por las constantes visitas a su hogar.

Varios empleados de empresas no esenciales que fueron enviados a casa también con salario pagado han solicitado empleo en empresas esenciales para poder recibir un doble ingreso mientras les llamen de regreso a su empleo principal. El resultado: varios que supuestamente estaban resguardados sin necesidad de salir cada día a ganarse el sustento -al menos temporalmente- se han contagiado, y algunos hasta han fallecido.

Por otro lado, las empresas ya están enfrentándose a la imposibilidad de seguir pagando sin producir. No son pocos los lugares de trabajo en los que ya se habla de opciones que van desde pagar un porcentaje del salario al personal vulnerable, hasta la liquidación de los mismos.

Los que queden expuestos a este último escenario estarán más vulnerables que antes de la pandemia. Al menos laboralmente. Ya que no es un secreto que varias empresas empezarán a aplicar filtros para no contratar personas con enfermedades crónicas o próximos a cumplir 60 años ya que en un muy posible segundo brote tendrían que ser enviados a casa nuevamente.

Por lo anterior, en una cultura acostumbrada a sacar ventaja del sistema, donde el común denominador es la ignorancia proyectada en forma de temeridad, es válido preguntarse si el decreto presidencial que pretendía proteger a los más vulnerables no terminó haciéndolos todavía más vulnerables. Tal vez el lugar más seguro para muchos de los que forman parte de este grupo eran los propios centros de trabajo y no sus casas.