El eterno amante

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Quizá el silencio es un poema que no hemos dejado avanzar, la obra incompleta más bella de todos los tiempos, aquella inspiración que seguimos interrumpiendo entre una palabra y otra, con algo de nuestra opinión, con algo de agresividad sintiendo que estamos en nuestro derecho de hacerlo; quizá el silencio tiene en su corazón los mejores versos guardado, a punto de estallar y quiere contar en un soneto lo que escucho de la voz de Aristóteles, lo que entendió de las grandes montañas que Neruda con sus poemas  formaba, el caos que Caruso provocaba al lanzar de tal formas las palabras sin ningún remordimiento o consecuencia.

El silencio que guarda todo y tímidamente siempre se deja convencer por el sonido que quizá otro día lo intente, que mejor se espere, que ya será su tiempo y la hora, el silencio que guarda todo como un tremendo acumulador aprensivo y devora todo, impide lo que esconde e incita a la imaginación con su presencia; lo es todo y su poco autoestima le provoca el eterno reproche, ser inseguro, tartamudear en sus pautas y de nada ayuda su pareja enfermiza que solo grita y no deja de escupir sin cesar palabras, repetir el alfabeto una y otra vez, melodías y razones; pero aun así siguen juntos como la luz y la sombra.

Debo admitir que cuantas veces el silencio me ha salvado de mí misma, cuantas veces ha dicho todo en el tiempo debido y la distancia que se va abriendo como el abismo que eructa toda la verdad formando un gran cañón con eco y solo eco del sonido que no paso, la palabra que no se prenuncio y permitió que todo fuera de la manera que ya es. El silencio, el poetizo que siempre fue bajado del escenario, que lloró al escuchar su poema en voz de la palabra y ver como lo arruinaba terriblemente sin espacios, con entonación y entusiasmo.

Al silencio lo abrazo cuando no puedo más, al silencio recurro como a ese padre que siempre está allí sin preguntarme más, en él me refugio cuando dije ya todo, con él me duermo cuando el llanto me gana, con él me siento a contemplar el ocaso cuando he perdido o encontrado la esperanza, el silencio es el amante de todos, aquel que esconden y que aman, aquel que es lo deseado pero nos dejamos llevar siempre por la tan vivida y usada palabra.