El entrenador dura hasta que los jugadores quieren

Por Dante Lazcano

Yo no lo creí cuando me platicaron que el vestidor en Kansas City lo había perdido Mike McCoy, el aún entrenador en jefe de los San Diego Chargers.

Y no lo creí porque apenas se habían jugado treinta minutos de la temporada 2016 de la NFL, porque realmente estaban sorprendiendo con su desempeño, porque iban ganando por catorce puntos en un estadio súper complicado, porque en la semana previa se les veía el ánimo a los jugadores, vaya, no creí que el vestuario estuviera quebrado, pero al final les sacaron el partido increíblemente y se atribuyó al manejo de McCoy en juegos cerrados.

Una semana después de superar sin problemas a Jacksonville juré que sólo fue un comentario malintencionado, pero después permitieron que Indianápolis repitiera la dosis del jarabe marca “Same Old Story” y ante Nueva Orleans me queda claro que el problema va más allá de cómo maneje un partido el cuerpo de entrenadores.

Y es que aún no entiendo cómo es que Melvin Gordon y Travis Benjamin soltaran esos dos balones de forma tan extraña que hacen que empiece a darle la razón a quien me dijo lo del vestuario.

Yo apenas iniciaba mi carrera como periodista deportivo, hablo de 1997, en ese tiempo ya se gestaba una “grilla” para que “Bora” Milutinovic, entonces director técnico de la selección nacional mexicana de futbol soccer, dejara la silla y permitiera la unción de Manuel Lapuente con la pobre justificación que jugaba echado para atrás y no daba espectáculo.

Jamás olvidaré cuando le saqué el tema Veibor, pues es su nombre, la lección que me dio, simplemente sonriendo, fiel a su estilo, me soltó una declaración que al final fue una enseñanza de cómo se manejan las cosas en el soccer, o por lo menos creía que era exclusivo en el soccer ya que me dijo que los técnicos duran hasta los que los jugadores quieren.

Pese a que calificó al equipo al mundial de Francia sin problemas, al final la rebelión se impuso ya que  fue Lapuente quien dirigió en tierras galas.

El domingo que perdieron los Chargers, -porque perdieron el partido, no lo ganó Nueva Orleans- a falta de 4:48 para jugarse del periodo final, en su campo y su gente, con trece puntos de ventaja, simplemente no había lugar en mi imaginación para que les volvieran a sacar el partido.

Pero esos dos extraños balones sueltos refuerzan la teoría de que el enemigo está en el vestidor pues insisto, era imposible que perdieran pero se repitió la misma vieja historia que caracteriza a esta franquicia.

Alguna vez Kurt Warner, exmariscal de campo, calificó como de  increíble que en la NFL se generaran rebeliones para que un entrenador sea despedido pues Dick Vermeil era implacable en sus entrenamientos.

Con los Chargers me queda claro que hay un severo conflicto e interesante sería saber quién encabeza la gesta revolucionaria pues me queda claro que si la directiva no ha corrido al estratega, ni lo correrán, es porque está respaldado por el alto mando.

Por lo anterior es que se me hizo súper temeraria la declaración de LaDainian Tomlinson, excorredor de los electrizantes, en el sentido que lo mejor para el equipo sería que cambien a Philip Rivers ya que aún tiene condición como para tratar de ganar un campeonato.

Veremos dijo un ciego.