El día 7

Por Juan José Alonso Llera

«Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”

La semana pasada después de una gran comida con mis mejores amigos, tuve una conversación totalmente improductiva con Alfredo, horas después hice un acto de reflexión, quizás hasta un poco profunda. De hecho, el tema de esa platica, hoy es irrelevante, pero les comparto las tripas del asunto.

Empecé a criticar cosas, personas y productos que desde mi punto de vista están faltos de ser buenos y buenas. De entrada, pido una disculpa por las formas, porque ahí casi siempre pierdo. Pero es simplemente el maquillaje que decora lo verdaderamente importante.

Desde el punto de vista de mi camarada soy especialista en destruir lo que no es bueno, ya que según él sólo hay que comentar las peculiaridades más nobles de estos temas. No estoy de acuerdo.

¿Qué tiene sumido a mi país en la mediocridad (aunque algunos tengan otros datos)? Simplemente que no hay espacio para la crítica, partimos de la base de que si no estas conmigo o piensas como yo, eres mi rival o mi enemigo. Hay un nivel de hipersensibilidad a la diatriba, que sólo nos expresamos hipócritamente dando atole con el dedo y guardamos nuestro pensamiento real, no vaya a ser que se enojen, que nos rechacen (créanme, me han dejado de invitar a mil cosas, simplemente porque no les gusta que diga la verdad, tengo que ser lame botas y tragar con lo que no me gusta para ser aceptado). Yo creo que es tonto, inútil y anacrónico (no me refiero a ya saben quien) guardar las apariencias para ser incluido, eso si, sin ser mal educado.

Todo lo anterior me lleva al futuro: el 7 de junio, después de haber tenido la elección más grande e importante de la historia de México. En las campañas todo mundo sale a venderse como lindo y hechicero, mientras la realidad es algo totalmente distinto. Le echaremos la culpa a los políticos y el 7 habrá la misma pobreza, la misma inseguridad, el desempleo y una larga lista de cosas malas de nuestra querida tierra, que sólo cambiarán cuando cambiemos nosotros. Empezando por tener la humildad y objetividad de aceptar lo jodidos que estamos y el mal que nos seguimos haciendo los unos a los otros al pensar que el futbol, la cerveza y un iluminado cambiarán nuestras vidas para bien.

No Alfredo, hay que decir lo que no nos gusta de manera cruda, no ser cómplices de la hipocresía y la doble moral, tenemos “amigos” que en público son grandes empresarios, promotores de la transparencia, la democracia y las buenas costumbres y en corto son totalmente cófrades de los que hacen todo lo contrario. ¡Basta de darnos atole con el dedo! No me importa no pertenecer, o incomodar, pero jamás voy a aceptar lo que no esta bien simplemente por ganarme una sonrisa.

PD. El vino platicado sigue siendo malo después de nuestra conversación

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