El culto a la personalidad de AMLO

Por Noé López Zúñiga

Después de los resultados electorales a favor de Andrés Manuel López Obrador -AMLO- según información oficial del INE, debemos analizar muchas cosas, pero principalmente las expectativas o sentimiento de esperanza que se ha sembrado a millones de personas, de ciudadanos mexicanos, a través del discurso y la palabra, pues como bien lo señala  Enrique Krause: “las palabras tienen un significado y los políticos deben cuidarlas”. Esto es así, porque las palabras, hechas en la cosa  pública tienen una trascendencia pues hace política, por lo mismo, tienen el poder de generar en las personas receptoras, un sentimiento, sea positivo o negativo, y como consecuencia se puede hacer un culto a la personalidad de quien las dice.

En efecto, si analizamos la campaña electoral de AMLO dentro de los procesos electorales federales 2005-2006, y 2011-2012  su discurso era severo y confrontativo, pues se hacía culto al odio y a la venganza. Este discurso de AMLO representaba la rebeldía total, pues su mensaje era de repudió a las instituciones, lo que hizo remover en las personas, sentimientos negativos, tales como hostilidad, ira, desesperanza y venganza. Sin embargo, este culto de personalidad no le funcionó, pues los resultados electorales le fueron adversos en esos dos procesos electorales, y no logró llegar al poder.

Al inicio de este proceso electoral 2017-2018, la estrategia del discurso de AMLO era el mismo que a los dos anteriores procesos electorales; sin embargo, casi al final de la campaña electoral cambió, pues utilizó palabras clave como: amor y perdón, despertando en la gente sentimientos de esperanza e inclusive compasión por el propio candidato. Muchos lo veían como una víctima del sistema.

Así, durante su campaña política dispuso de frases y mensajes tan poderosos como: “abrazos, no balazos”; “amnistía para el crimen”; “al poder político y económico: no les guardo rencor, no habrá destierro ni venganza”. Con estas frases y mensajes, se fue construyendo un culto a la personalidad de AMLO, a tal  grado que existió propaganda que decía: AMLOVE.

Todo esto, desde mi punto de vista, resulta ser peligroso en una democracia incipiente como la mexicana, pues cuando elevamos a casi una “deidad” a un personaje político estamos trasladándole un ego hipervaluado, que puede llegar a ocultar cualquier error, falta, o equivocación y por lo mismo, sus verdaderos sentimientos. Así, en un sistema político como el mexicano, donde existen autoridades, instituciones y normas que nos regulan, mismas que han propiciado que México sea una república federalista, democrática, constitucionalista y regida por un Estado de Derecho, lo que significa que el gobierno se divide en tres poderes que nos sirven para que ningún personaje o institución política pueda tener el control total del país, no se puede permitir el culto a la personalidad de nadie, pues ante todo debe seguir existiendo la democracia y una verdadera división del poder.

En otras palabras, la democracia sigue siendo la formula por excelencia, para que el poder, esté verdaderamente en manos de los ciudadanos, pues cuando elegimos a nuestros representantes, sus decisiones representan la opinión de la mayoría, y no de unos cuantos. De ahí la importancia de no realizar culto a la personalidad de ningún personaje que ostente el poder público, pues el hacerlo representa una alteración a la forma de gobierno. Como ciudadanos debemos ser objetivos y críticos de nuestros gobernantes, y sobre todo entender que la forma de gobierno no recae en una sola persona, pues somos un país de instituciones. No hagamos héroes donde no hay peligro o guerra, ni santos donde no hay credo.