El cristiano

Por Manuel Rodríguez Monarrez

“Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.”

1 Corintios 13:3

A propósito de que ésta semana comí con un amigo profesor de una universidad jesuita en la ciudad de Nueva York, maestro en ética, filosofía y teología, que tenía más de 36 meses sin verlo.

La verdad es que rehúse verlo en la primera cita por temor a caer víctima de su implacable juicio basado en la supremacía racional que mi amigo pregona del conocimiento de lo que ser cristiano significa. Lo primero que me dijo cuándo me vio fue: “Meño, te he estado esperando para platicar, me enteré que te hiciste cristiano”…. “A ver ilústrame con al menos 5 versículos bíblicos”. Le contesté: “Mi hermano, no te podré recitar ninguno al pie de la letra en este momento, pero lo que sí te puedo decir, es que nos podemos saber toda la Biblia de memoria pero si no tenemos amor en nuestro corazón, no somos nada”. A lo que siguió una serie de risas entre nerviosas y sarcásticas. Así fue ese reencuentro.

Con el paso de los años me doy cuenta que la vida no es problemática, es la mente humana la que crea los problemas. Es imposible olvidar las heridas del pasado, pero hasta hace poco procesé que sanar y restaurar la confianza en uno mismo no depende de un sentimiento o una emoción, sino de nuestra decisión de amar y perdonar, tal y cual Cristo nos lo enseñó hace más de dos mil años.

En el caso personal, después de apartarme de la sociedad, por casi tres años me resistí a caer en la depresión por el dolor que sentía de no poder ver a mi hija. Por muchas noches evitaba sentir dolor con exceso de ejercicio, descargando un sentimiento incomprensible en los costales del gimnasio de box, otras cayendo en los excesos de no alimentarme adecuadamente, y pasar largos e innecesarios ayunos para transferir el dolor espiritual al plano físico.

Llegó un momento que la situación se tornó tan inaguantable que recuerdo que salí a enfrentar las olas del mar en una tarde de verano, pero vestido con ropa. Pidiéndole a Dios una explicación ante mí sufrimiento. Mi testimonio podría resumirse en: le pedía ayuda a Dios, y Él me contestó.

Hubo un momento de resignación en mi vida, en dónde acepté que ya no podía más. No todos en nuestra vida tenemos la oportunidad  de ser restaurados y transformados. Porque aun teniendo lo todo, o al menos lo que creemos importante: como familia, dinero y salud, todo eso se puede perder por no tener  de dónde agarrarnos cuándo sobreviene la tormenta en nuestras vidas. Ahora entiendo, que en aquel entonces, simplemente Dios no formaba parte de mi mundo. Y por eso tuve que reconocer que caí, humillarme, pedir perdón y empezar de nuevo, pero ésta vez tendría que ser diferente.

El 26 de julio de 2014 tuve la oportunidad de nacer de nuevo y descubrir lo desconocido. Los que venimos a Cristo, entendemos que tenemos que dejar morir lentamente al “Yo” para volver a nacer y ese es el verdadero bautismo del que Jesús predicaba. El que hace surgir al hombre nuevo.

Ser cristiano es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, sino como parte de la vida misma. Jesús predicaba las cosas más raras y contrarias a su época, no se dejaba llevar por ninguna ideología y por eso era tan perseguido. Ser cristiano significa seguir las enseñanzas de Cristo, vivirlas y practicarlas, no sólo memorizarlas. Como le dije a mi amigo, saberse la Biblia de memoria no sirve de nada si no has cultivado el amor de Cristo en tu corazón.

Ser cristiano para mí significa ser pionero, abrir camino, ser de bendición para otros, ayudar en libertad, elevarse por encima de los esquemas. Jesús comía con ladrones y prostitutas, por eso los poderosos a su alrededor se sentían amenazados. Tenemos miedo a la libertad, miedo a hacer las cosas diferentes y por eso preferimos ser esclavos. Ahora como cristiano, entiendo que no podemos despertar sino estamos dispuestos a seguir las enseñanzas de Jesús.