El coro trágico

Por Manuel Rodríguez Monárrez

El Cabildo de Tijuana se ha convertido en un verdadero espectáculo de las pasiones humanas, como dice una regidora de Acción Nacional: “Esto es un circo compañeros”, no sé si tenga razón, pero lo que sí estoy seguro es que los regidores de Encuentro Social no nos prestamos a jugar el rol de los “payasitos”; más bien me siento como parte de un coro trágico similar al que representaba al pueblo griego en las antiguas obras teatrales, esa voz de fondo que los actores principales escuchan pero que en medio del drama, no quieren atender.

Hay quienes dicen que Tijuana no tiene rumbo porque no tiene un plan, pero Tijuana sí tiene un plan de gobierno, un plan construido sobre cuatro ejes principales: las mentiras, la fanfarronería, la codicia y la ignorancia. Con los pies hundidos en el lodo de sus propias decisiones, hoy no sabemos a ciencia cierta a quién o a cuántos de sus ciudadanos representa el Presidente Municipal de esta comuna cuándo vemos que toma decisiones de gobierno contrarias a los intereses de sus propios electores. Ya lo sentenciaba el filósofo Sófocles hace más de dos mil 450 años: “No tiene ciudad quien, atolondradamente, se enfanga en el delito”.

 

Los vicios de éste gobierno son cosa del dominio público, tantos que no alcanzaría a enlistarlos en este espacio, pero lo que sí les puedo decir es que la carencia de habilidades políticas y el descredito autoinflingido han provocado el peor retroceso de servicios públicos del que Tijuana tenga memoria. 2017 ha superado todas las estadísticas fatídicas, hoy por hoy, somos primer lugar nacional en tres hechos que nos definen: la deuda pública, los homicidios y los robos de vehículos.

También hay quienes dicen que este ayuntamiento número veintidós no es transparente, creo que también se equivocan, este ayuntamiento es indecentemente transparente, ya que sus tropelías se han hecho públicas hasta el punto del escándalo, aunque en honor a la verdad, muchas de esas verdades a medias o negocios velados, no hubiesen salido a la luz pública de no ser por la incesante lectura de documentos fidedignos que hombres y mujeres de buena voluntad, hartos como usted y cómo yo de tanta ignominia y corrupción, nos hacen el favor de filtrarnos hasta nuestras intervenidas oficinas de regidores, ubicadas en el segundo piso del mal llamado palacio municipal, y que ante la falta de una institución de la justicia que pueda procesarla, muchas veces nos vemos en la imperiosa necesidad de subirlo a Facebook, y hacérselo estimado lector, del conocimiento de Usted y de los miles de seguidores que están al pendiente de nuestras subversivas pero implacablemente reales publicaciones.

Y como siempre les digo a mis alumnos, si queremos reconstruir esto, es necesario que pasemos de una ciudad de súbditos desinteresados de los asuntos públicos a una de ciudadanos organizados y participativos. Porque una cosa es que nos intenten engañar y otra muy distinta es que lo permitamos. Intervengan, hablen, voten, marchen, reúnanse, elijan y decidan, es lo mejor que pueden hacer por Tijuana.

Para eso se inventó la democracia, no para crear nuevas familias de ricos que resultan empresarios con dinero del pueblo. Cuándo el barco se hunde y viene el naufragio, sólo nos queda esperar que alguna corriente nos empuje hacia la orilla. Desdibujadas las corrientes políticas en general, producto del alejamiento de los ideales y principios que rigen la vida estatutaria de la fuerza política que los impulsa, hoy los principales actores políticos han convertido a los partidos en franquicias, a la administración pública la han fragmentado en unidades de negocios personales manejadas por hijos, yernos y compadres incómodos y a la ciudadanía la han convertido en rehén de sus intereses ocultos, la única vía de romper este círculo vicioso es que la ciudadanía retome el mando.