El corazón más grande que el cuerpo

Por Maru Lozano Carbonell

Cuando yo tenía diecinueve años y vivía en la Ciudad de México, trabajaba como asistente del Secretario de Consejo de Coparmex. Era 1986 cuando me llaman a la oficina de mi jefe y me piden algo especial. Además de mi jefe Guillermo Velasco Arzac, estaban Bernardo Ardavín, el entonces presidente de la Coparmex y Clouthier. Coparmex impulsaría a Maquío como candidato del PAN a la presidencia de México, pero él acababa de padecer la contienda contra Labastida Ochoa por la gubernatura de Sinaloa, misma que perdió por supuesto en medio de puras trampas.

El punto es que yo iba a mecanografiar el libro en que Maquío expondría el fraude electoral, me fui de espaldas porque en ese tiempo, escribías en máquinas eléctricas -no había computadoras- había que repetir si querían insertar texto, quitar, etc. Entonces vi muchas veces a Maquío. Cada vez que leía lo que me había dictado, recordaba con enojo, revivía y corregía. Hasta que mejor se optó por grabarlo y Luis Felipe Bravo Mena, que entonces era Director de Proposiciones Estratégicas de Coparmex, me pasaría los textos para trabajarlos.

No es lo mismo leer que Maquío decía que lucharía por la democratización, que verlo y sentir a un metro de distancia su rabia, pero también su deseo de cambiar el sistema corrupto del partido tricolor. Por algo Krauze dijo que “tenía el corazón más grande que su cuerpo”.

El libro se titula “Cruzada por la Salvación de México”. Impactó porque en ese tiempo no era común leer y ver fotos que probaban lo que pasó en un proceso electoral, pero en 1988 vuelve a perder ahora porque se cayó el sistema, sin embargo, encuentran una base de datos con los resultados a favor de Salinas de Gortari, dos horas antes de que terminaran los conteos.

Gran hombre. Me acordé de las injusticias porque terminé de ver la serie de Colosio. Ahí nos muestran a Federico Benítez como ese personaje que también quiere que se haga justicia y lucha por demostrarla sacando todo a la luz, sin embargo, también le apagan la propia; como a Maquío, como a Colosio, como a muchos…

Estas series son las que ven nuestros jóvenes. ¿Confiarán en el sistema electoral? ¿Cómo verán esto de los partidos políticos? ¿Podrían diferenciar política de gobierno?

Los sabores que la historia y las series nos dejan en la memoria es que hay mucho trabajo por hacer, pero uno nuevo, creativo y diferente. A ver de qué manera motivamos e integramos en los jóvenes las ganas de que la democracia no sea una promesa eterna sino un hecho.

¿Cómo quitar de la cabeza lo que muchos chicos piensan de que si hablan, expresan y luchan, podrían descartarlos, desaparecerlos o hasta matarlos?  Porque ese es el mensaje con el que se están quedando y aplica no nada más para la vida política y de gobierno, sino para lo familiar, social, escolar y laboral.

Fomentemos los valores y los derechos desde cualquier trinchera acompañado, por supuesto, de las obligaciones. Mucho edificio de “derechos humanos” y, ¿el de los “deberes humanos” dónde está? Nos urge contextualizar el manejo de conflictos desde una estructura educativa. Mediación, por ejemplo.

Urge que eduquemos diferente para que los niños vayan empujando y presionando a los mayores desde ya.