El clima también mata

Por Claudia Luna Palencia

El verano se anticipa otra vez con temperaturas récord a nivel global lo que significa una no muy buena noticia, porque en la medida que los termómetros recrudecen, en igual intensidad se desatan fenómenos meteorológicos adversos en forma de lluvias intensas, incendios, huracanes, tifones y tornados.

Sus consecuencias son funestas porque la madre naturaleza se cobra no solo daños materiales inmensos sino también, lamentablemente, vidas humanas lo que hace al cambio climático ser la otra pandemia para la que no hay vacuna más que sumar el esfuerzo global de todos los países para reducir su huella de carbono.

Un estudio de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, junto con la Universidad de Berna, basado en datos de 732 localidades de 43 países, concluye que uno de cada tres fallecimientos en el mundo –entre 1991 y 2018– tuvieron al cambio climático como artífice; fundamentalmente muertos por olas de calor.

Hay unas regiones más afectadas por la severidad de este fenómeno que concentra el aire caliente provocando daños en la respiración porque afecta a los pulmones. Tanto América Central como América del Sur viven anualmente con bolsas de calor, lo mismo que el Sudeste Asiático y, aquí en Europa, se observa con preocupación la situación de España que de media anual, solo en el verano, registra 700 decesos por el calor extremo.

Ni en el año de la pandemia se ha dado tregua y para la temporada estival de 2021, la primavera ha sido un tentempié con temperaturas en los 30 grados centígrados en ciudades en las que tradicionalmente sucedía un tiempo suave sobre de los 21 a los 23 grados. En Suiza, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia, la población está nerviosa porque de cara a julio y agosto podrían rondar los 34 o 35 grados.

Cada año la situación es más extrema y el horizonte de las emisiones cero, el de la descarbonización, parece infinitamente lejano con el año 2050 como punto de inflexión y encima con la gran interrogante de si, en verdad, las economías más contaminantes del mundo como China, Rusia, Brasil, India, Sudáfrica, Estados Unidos lograrán cumplir con sus compromisos de una transición ecológica renovable y limpia.

A colación

Lo que hay hasta el momento es que la crisis climática está provocando un tsunami de desplazamientos de seres vivos, de unos sitios a otros, fundamentalmente de personas según constata la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) con sede en Ginebra, Suiza.

Simplemente el año pasado, un total de 30.7 millones de personas dejaron sus lugares de origen por el impacto del cambio climático, de acuerdo con datos de Internal Displacement Monitoring Centre, una agencia internacional auspiciada por varios gobiernos del mundo.

La misma ACNUR advierte que 200 millones de personas necesitarán  anualmente “ayuda humanitaria en 2050 por el impacto del cambio climático” y en unas partes estas necesidades y desplazamientos serán más acuciosas.

Por ejemplo, en la región de Asia Oriental y el Pacífico, el año pasado presentó la mayor parte de los desplazamientos internos: un total de 12.1 millones de personas, derivados de desastres climáticos en todo el mundo.

“También están sitios en los que hay conflictos, pobreza y desplazamientos forzados. Los cinco principales países de origen de refugiados se encuentran entre los más vulnerables a la emergencia climática y los menos preparados para responder a ella como son: Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar”, señala el organismo internacional.

António Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recién reelecto en su cargo hasta 2026, asevera que los impactos de esta crisis del clima son mayores donde la fragilidad y los conflictos han debilitado todos los mecanismos de supervivencia.

Las cifras proporcionadas por los organismos internacionales intranquilizan porque anticipan que la gente seguirá moviéndose de sus respectivos terruños, ya no es sólo la violencia, la guerra, el hambre, la pobreza a ello se añade otro poderoso expulsor: el cambio climático que inunda los sembradíos o los desertifica y que vuelve extremas las temperaturas en general.

La ACNUR afirma que tres cuartas partes de los nuevos desplazamientos sucedidos el año pasado fueron causados por una serie de desastres naturales de forma pronunciada en varios países en vías de desarrollo.