El caos del Covid-19 que nos detuvo

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Entre las noticias falsas, las verdaderas y la paranoia que hay entorno a la recién declarada pandemia del coronavirus, estuvimos discutiendo junto a Valente y nuestros otros compañeros de viaje si seguíamos adelante con nuestros planes de viaje a Machu Pichu y el resultado fue que de cinco en el grupo, dos casi seguro cancelan, uno está comenzando a dudar y tres seguimos adelante.

Hablé a la aseguradora como en cada viaje y mi agente me dijo que el único anuncio de las aseguradoras es que ningún seguro cubría Covid-19. La línea aérea comentó que no tenían hasta el momento ninguna alerta sanitaria para cancelar los vuelos a Perú y que si deseábamos cancelar por miedo no había reembolsos y todo cambio de fecha estaría sujeto a cargos adicionales por nuestra cuenta.

Hablé con Milena, nuestra experta en viajes en Perú y comentó que por el momento se estaban tomando todas las precauciones necesarias y con los únicos grupos que han tenido problemas es con los que provienen de Europa, que actualmente se ha considerado el actual epicentro de la enfermedad.

La OMS dice que es la primera vez en la historia que tendríamos en las manos controlar una pandemia de este tipo, tomando las precauciones adecuadas; pero esto parece que se está saliendo de control y no lo digo por los brotes, sino por la paranoia sobre contagiarse. La gente hace compras de pánico de todo (inexplicablemente también de papel higiénico en exageración). Por un lado un presidente dice que cierra los puertos de su país para vuelos desde Europa y “boom” se caen las bolsas, mientras otro solo dice hay que seguir dándonos abrazos.

Esto demuestra la vulnerabilidad a los agentes infecciosos y es una prueba de lo que una pandemia puede desatar. Pandemia no significa la muerte y la gente que lee las notas lo ve así como el fin del mundo o la muerte, sin tomar en cuenta que el termino pandemia es que significa que la enfermedad ya traspasó a otros puntos.  Ahora que estoy en el Master de Responsabilidad Social Empresarial, aprendemos de protocolos de crisis, incluidas las sanitarias, y todo lo que tenga que ver con desastres naturales. Pero la realidad es que muy pocas tiene protocolos para esto.

Además, parte de los temas que vemos incluyen cómo el mercado financiero está apretando para que las empresas comiencen a tener acciones contra el cambio climático que ponen en riesgo los activos de las compañías. Una manera de presionar es promover los Bonos de deuda verdes, azules, sustentables e incluso los soberanos con los que obtienen recursos de parte de inversionista a cambio de unos intereses con los que se puede combatir el cambio climático y para adaptarse a lo que traerá la crisis del clima.

En el mundo de los bonos están también los de desastres y los “Bonos Pandémicos” que son unos bonos creados por el Banco Mundial para ayudar a las economías en desarrollo y donde los inversionistas solo pierden dinero si se cumplieran las condiciones relacionadas con una pandemia.

¿Nos vamos o no?

Pero bueno, ese era solo un dato de cultura general y lo que viene en este relato es si ir o no de viaje en esta crisis de alerta sanitaria. ¿Nos vamos o no?  Esa era la pregunta a resolver.

Esto es como el tema del terrorismo que paraliza la vida de muchas personas sobre todo de aquellas que viven con miedo y pierden la paz ¿Ustedes qué harían? Antes de decidir debíamos esperar, ya que el miedo no era el que nos iba a detener, pues eso nunca detiene a un viajero.

El terrorismo no nos había detenido hasta ahora, pero en esta ocasión lo que nos detuvo fue un bicho microscópico. La tarde del domingo recibimos la noticia que en la madrugada, el presidente de Perú había decidido cerrar las fronteras y no tardó ni una hora cuando la línea aérea estaba avisando que uno de los vuelos estaba cancelado.

Era un hecho. El Covid-19 estaba paralizando al mundo y el turismo estaba brutalmente afectado, cancelación tras cancelación para evitar que el mundo se mueva, se aglomere y se contagie. Apenas circulaban las notas de que en algún momento todos quedaríamos expuestos al virus y seriamos contagiados, y lo que en realidad estaban buscando las autoridades era que el contagio fuera escalonado, porque un contagio masivo colapsaría el sistema de salud.

Cuando escribía esta nota, España estaba anunciando una posibilidad real de cerrar las fronteras terrestres para luchar contra la expansión de la pandemia del coronavirus y mientras se tomaba la decisión comenzarían a establecer controles minuciosos dando entrada exclusivamente a ciudadanos españoles. Tengo amigos que están varados en ciudades europeas porque sus vuelos a Estados Unidos fueron cancelados y no hay manera de que puedan conseguir un boleto con un precio accesible.

Es entonces que darnos cuenta que esperar las recomendaciones, era lo mejor. Ahora no hay vuelta de hoja y nuestra agente peruana nos recomienda que escojamos una fecha después de junio para cambiar las reservas esperando que esto se calme. En Perú el inverno comienza en junio y en invierno no era como nos veíamos en Machu Pichu; pero hoy no hay nada que hacer.

Las fronteras se cierran, los vuelos se cancelan y el libre tránsito se restringe. Los museos ya no abrieron sus puertas, los congresos y conciertos se posponen y esto luce como si el mundo se detuviera y no tuviera fecha de reinicio.

El turismo había sido afectado por efectos localizados; el terrorismo y las guerras han tumbado economías dependientes del turismo; los desastres naturales han limitado las visitas a sitios que han sido afectados por terremotos, tsunamis, huracanes, erupciones etc., pero todo era focalizado y hoy lo vemos globalizado. Nadie se mueve, esa es la consigna.

La Asociación Internacional de la Industria de la Aviación (IATA) estima que las aerolíneas podrían perder hasta 113 mil millones de dólares debido al impacto económico del virus que no tiene precedentes, con la caída drástica de pasajeros por temor a viajar en un inicio y ahora por el cierre de los puerto aéreos conforme han avanzado las estrategias de contención.

Las líneas aéreas perderán dinero, los hoteles perderán dinero, las personas que viven del turismo perderán dinero y por eso se considera como el mayor desastre en la historia del turismo. Así que en un ejercicio de adaptación y resiliencia esperemos que en unos meses todo vuelva a la normalidad y el caos del Covid-19 que nos detuvo sea una enriquecedora lección.