El Caballito

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Cada vez que voy la Ciudad de México me hospedo en el mismo hotel sobre el Paseo de la Reforma muy cerca de la famosa Glorieta del Caballito denominada así no solo por la escultura monumental “Cabeza de Caballo” del artista Enrique Carbajal González conocido como Sebastián, sino porque en ese crucero se encontraba la escultura ecuestre del Rey Carlos IV conocida como “El Caballito” creada por quien fuera el mayor exponente del Neoclásico en México, el Arquitecto Manuel Tolsá. Y de ese Caballito les hablaré hoy, por ser una de mis esculturas favoritas.

Cuenta la historia que después de un cuidadoso diseño, quien en ese entonces fuera director de la Escuela de San Carlos, Manuel Tolsá fundió el 04 de agosto de 1802 la estatua, conocida hoy como “El Caballito” por orden del Virrey de la Nueva España Don Miguel dela Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte, en honor del Rey de España y de las Indias, Carlos IV de Borbón que se convirtió en el monarca de España en 1788, siendo el quinto de la Casa de los Borbones. Hijo de Carlos III y de María Amalia de Sajonia.

Para cumplir con el encargo del Virrey Don Miguel de la Grúa Talamanca, Tolsá se inspiró en las esculturas de los emperadores romanos y diseñó al Rey Carlos IV montado sobre su caballo, el cual se representa a trote con la pata izquierda levantada. Cada detalle de la escultura la hace un conjunto hermoso, el rey luce una corona de laureles y está sentado sobre una manta. Claramente se ve que con la mano derecha sostiene su cetro y con la izquierda sujeta las riendas del caballo. La historia cuenta que Tolsá, utilizó de modelo un hermoso caballo percherón poblano llamado Tambor.

Tolsá utilizó poco más de 27 toneladas de metales entre los que se encontraba principalmente aleación de cobre, plomo y zinc, en una estructura interna de acero que una vez fundida y vaciada la escultura de 4.88 metros de altura, 1.73 metros de ancho y 5.04 metros de largo; Tolsá la pulió y cinceló durante 14 meses hasta darle el aspecto como la conocemos. Al terminarla se eligió el día del cumpleaños de la Reina María Luis de Parma, esposa del Rey Carlos IV, el 9 de diciembre de 1803 para hacer una gran fiesta de inauguración en la Plaza Mayor.

Ese 09 de diciembre de 1803 estaba Alexander Von Humboldt, quien escribió sobre el evento “La estatua en bronce, es de una gran pureza de estilo y de la más bella ejecución. Fue dibujada, modelada, fundida y colocada por el mismo artista Don Manuel Tolsá, nativo de Valencia, en España. No se sabe que deba admirarse más, si el talento de este artista o el valor y la perseverancia que ha desplegado, en un país en el que todo está aún por forjarse y en el que le fue necesario vencer los más diversos obstáculos”.

Llegó la independencia y la estatua fue escondida para protegerla, pero al culminar la guerra y al subir al poder Guadalupe Victoria como primer presidente quiso fundirla por considerarla un insulto; pero Lucas Alamán lo impidió. En 1852 terminó en la glorieta de Reforma donde estuvo 127 años, hasta que en 1979 fue trasladada a la Plaza Tolsá frente al Palacio de Minería en la calle Tacuba. Cada que visito la ciudad me gusta caminar desde el hotel donde me hospedo en Av. Reforma, hasta la Plaza Tolsá para verla y recordar con nostalgia cuando mi mamá me llevó a conocer El Caballito que tanto le gustaba.