El aseguramiento, separación y expulsión de menores migrantes

Por Noé López Zúñiga

En un análisis realizado por la Organización Internacional para las Migraciones, por sus siglas en español -OIM-, en estos principios del siglo XXI, se considera la migración como uno de los temas mundiales determinantes, ya que como nunca antes en la historia de la humanidad, cada vez son más las personas que se trasladan de un lugar a otro. Apunta esta organización que actualmente, hay cerca de 192 millones de personas viviendo fuera de su lugar de origen, lo cual representa un aproximado del tres por ciento de la población mundial.

Entre las múltiples y complejas dimensiones de la migración se han dado la migración laboral, la reunificación familiar, la búsqueda de la seguridad y mejor calidad de vida. Se señala también que existen muchas tendencias globales subyacentes, que obviamente repercuten en este fenómeno, así como en la gestión de la migración, por citar algunos ejemplos tenemos: Las tendencias demográficas, las disparidades económicas entre los países en desarrollo y países desarrollados, la liberación del comercio que requiere una fuerza laboral móvil, las redes de comunicación que conectan todo el mundo, etcétera.

Por tanto, se predijo que en este siglo XXI, el movimiento de personas sería aún más significativo a raíz las siguientes tendencias: La liberación económica, la recesión económica, los cambios climáticos, la violencia, el surgimiento de las redes de migrantes, y el surgimiento de la migración transnacional.

Como consecuencia de todo esto, como medidas de contención tenemos actos y políticas públicas aberrantes como las que han implementado en Estados Unidos, la llamada: «tolerancia cero» que entre otras cosas, se ha traducido en el aseguramiento de 2 mil 342 menores migrantes y que después han sido separados de sus padres, lo que significa que han pasado a ser víctimas de un sistema migratorio violento e inhumano, según lo hemos visto recientemente en los centros de detención en Estados Unidos.

Así, desde este contexto trágico, diversos organismos internacionales se encuentran analizando políticas interinstitucionales e intergubernamentales sobre la migración.

Este análisis internacional se centra principalmente en “La migración en un mundo globalizado”. Sin embargo, lo que sigue siendo preocupante es que todos estos estudios o análisis intergubernamentales, no muestran interés para que en un futuro no muy lejano, los países más ricos o receptores de migrantes, convengan que la migración a diverso país, por cuestiones económicas o de subsistencia (pobreza y seguridad), sea verdaderamente un derecho humano protegido, y por ende, garantizarlo, a efecto de no seguir vulnerando derechos públicos subjetivos de los más desprotegidos, de los más vulnerables, como el caso de los miles de niños detenidos y separados de sus padres en Estados Unidos.

Analizar la migración como un derecho humano, es posible, teniendo como razón que la migración es una cualidad intrínseca a la naturaleza humana y es legitimo buscar una mejor calidad de vida. Sin embargo, al parecer la única respuesta que se tiene al respecto, es que esto no es posible de acuerdo al enigma del desarrollo sustentable en el mundo. Lo que implica el mayor de los retos que deben enfrentar las democracias occidentales, como lo es mejorar sus políticas migratorias, principalmente en el tema del aseguramiento, separación y expulsión de extranjeros a sus países de origen.

Pero la realidad, es que prevalece en el mundo, un pensamiento divergente con apariencia nacionalista o conservador que ha impregnado a la cultura norteamericana y de algunos países de la Unión Europea que sostienen que tanto el aseguramiento y expulsión de extranjeros irregulares constituyen las más firmes armas que tiene un Estado para impedir la entrada en sus fronteras a extranjeros no deseados, y por tanto, la defensa de su soberanía a través de aplicación de políticas extremas como: “el cierre de fronteras o tolerancia cero”. Políticas públicas que sin duda, son contrarias al pensamiento global y por lo mismo, son incompatibles con los valores que conforman los pilares del sistema universal de los derechos humanos y de la democracia occidental.