El Alquimista: Enemigos de la felicidad, Parte 2

Hoy en día, el mundo occidental está atrapado en una cultura de la felicidad, pero esto no fue siempre así́, recién en el siglo XVIII los valores de la ilustración dieron paso a la noción de que la felicidad era el logro de una vida digna.

Desde entonces, la búsqueda de la felicidad ha ganado fuerza y se ha expandido a cada aspecto del comportamiento, desde la religión hasta la política, pasando por el trabajo y la crianza de los hijos.

Algunos expertos dicen que la felicidad es un rasgo innato, por lo que exhortar a las personas a que sean más felices es como insistir en que sean más altas o más listas.

Resulta importante rastrear esta constante invasión del imperativo de la felicidad, ya que nos recuerda que los valores actuales no son distintivos de la condición humana, la cultura refleja elecciones y nuevas elecciones pueden cambiarla.

También es importante reconocer que cualquier elección que realice la sociedad tiene consecuencias buenas y malas. Cuando la felicidad se convierte en la meta, surge la idea de que debemos evitar la infelicidad para nosotros, nuestra familia y en nuestros lugares de trabajo, los estados emocionales carentes de alegría se convierten en fuentes de ansiedad e incluso se llegan a diagnosticar como patologías, eso puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas y, paradójicamente, hacer que mucha gente sea mucho más infeliz.

Pero, ¿cuáles son esas pequeñas cosas que podemos hacer para incrementar nuestra felicidad?

No te van a sorprender más que lo que has oído por ahí como: “comer menos y ejercitar más”. Las cosas más importantes son el compromiso con comportamientos simples, como la meditación, el ejercicio, dormir lo suficiente y practicar el altruismo.

Una de las cosas más egoístas que puedes hacer es ayudar al prójimo, en este caso ya les he platicado de muchos ejemplos, como nuestro amigo Cristóbal Colón. Hacer trabajo voluntario en una casa de asistencia, asilo o gente de tu colonia.

Puedes desear o no ayudar a una persona sin hogar, pero sin lugar a dudas te ayudarás a ti mismo. Y cultivar tus conexiones sociales. Dos veces a la semana, escribe tres cosas por las que estés agradecido y dile a alguien el porqué.

Sé que esto suena como un sermón de tu abuelita, pues bien, tu abuelita era muy astuta y sabia. El secreto de la felicidad es como el secreto de la pérdida de peso: ¡No es un secreto!

Al final, toda esta investigación ¿nos hará más felices?

Estamos aprendiendo y vamos a continuar aprendiendo cómo maximizar nuestra felicidad. Pero eso todavía mantiene la gran pregunta: ¿Qué tipo de felicidad debemos desear? Por ejemplo, ¿deseamos que la felicidad promedio de nuestros momentos sea lo más grande posible? o ¿deseamos que la suma de nuestros momentos felices sea lo más grande posible? Son cosas diferentes.

¿Queremos vivir una vida libre de dolor y tristeza, o hay valor en dichas experiencias?, la ciencia nos dirá cómo vivir la vida que deseamos, pero nunca nos dirá qué tipo de vida es la que deseamos vivir. Eso lo tendremos que decidir nosotros mismos.