Educación y conspiraciones

Por Dianeth Pérez Arreola

La gente piensa en Europa y asocia este continente con los conceptos de arte, cultura, educación, casas reales, tradiciones y buenas maneras. Después de todo aquí se encuentran muchas naciones consideradas en los primeros lugares de democracia, igualdad, educación y bienestar así que uno pensaría que los europeos son muy educados e inteligentes, pero no.

Mi objetivo no es generalizar, sino mostrar que cuando una catástrofe saca lo peor de nosotros mismos, no hay excepciones geográficas. La semana pasada un numeroso grupo de jóvenes atacó a un par de agentes del orden cuando uno les llamó la atención en la playa. Pretendían saltar de un muelle al mar, lo cual no está permitido. Uno de los agentes está en el hospital.

El incidente ha provocado una protesta nacional para exigir que se dote de instrumentos de defensa a los agentes, que son un cuerpo distinto a la policía y quienes desde la pandemia se enfocan en que la gente en la calle siga los protocolos anti-contagio dictados por el gobierno. Diariamente reportan actitudes agresivas de la gente al recordarles que deben guardar distancia.

La noche del domingo pasado, una torre de telecomunicaciones en la localidad de Roermond fue dañada por un incendio provocado. Es el incidente número veintiocho de abril a la fecha. Los ataques tienen relación con la creencia de que la tecnología 5G juega un papel importante en la transmisión del Covid-19 y que las radiaciones emitidas destruirían el sistema inmunológico.

La organización holandesa Stop5GNL llevó el caso a juicio y este lunes el juez ha decidido que no hay ninguna base científica para afirmar que la tecnología 5G afecte la salud y por lo tanto no se detendrá su uso ni su expansión. La resolución, temen las autoridades, no detendrá el ataque a las torres de telecomunicaciones así que ahora la policía las vigila.

La teoría del daño por 5G nació en Europa según el Laboratorio Europeo sobre Desinformación, y ésta se ha extendido a otros países como Estados Unidos, mientras que se atribuyen a fuentes de desinformación rusa los rumores sobre la teoría de la guerra bacteriológica originada en un laboratorio chino.

Mientras tanto y a pesar de las evidencias, hay un importante número de “coronaescépticos” por todos lados; sólo hay que recordar al primer ministro británico, Boris Johnson, quien tomó en serio al virus sólo tras contagiarse y pasar por cuidados intensivos.

Seguro a todos nos ha sorprendido encontrar entre nuestros contactos en las redes sociales a un par de personas que comparten información sobre alguna de las tres categorías conspiratorias: un poder extranjero contra otros países (el virus creado en un laboratorio chino), una minoría malvada dentro del país (el uso de las torres 5G contra la población), y el gobierno contra su propia gente (el virus no existe, pero es usado para atemorizar a los ciudadanos e impulsar una agenda secreta).

Tenemos que entender las inesperadas, y a veces mortales consecuencias del contagio; es desesperante ver el desdén de muchos ante las medidas adoptadas. La desinformación y el egoísmo están ganando la partida.

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