Duro desafío

Por Maru Lozano

Es triste que se llegue a hablar con estas palabras en lugar de usar la palabra trabajo, educación, mejora, etc. Platicaba con exalumnos de la carrera de docencia del idioma inglés y lo que me cuentan ensombrece todo el panorama.

Ellos felices porque ganaron plaza, pasaron los exámenes, entregaron todos sus documentos y esperaron pacientemente su asignación.

Ya que les llega, ¡oh! Tristeza, les toca en escuelas lejísimos de sus casas, horarios sin definir o bien escalonados y pocas horas que, por supuesto, serían cobradas ahí cuando se pueda y se ajuste el sistema.

Con esto de la compactación de grupos a uno de ellos le dieron las gracias. A otro que no le dieron plaza, le asignaron interinato, ¡incomprensible! Entonces ¿de qué serviría ganar un concurso y demostrar las mejores habilidades? Conozco a una maestra que por varios años ganó el primer lugar en la lista de prelación y nunca le habían asignado una plaza hasta este año. Respuesta: “No hay, orita no hay”.  ¿Entonces para qué abren concursos?

Este año, en la educación básica solo había plazas para docentes de inglés, los que, por cierto, estudian tal carrera y enfrentan el concurso con licenciados titulados de todo tipo de carreras, ¡ah!, pero si tienen el CENNI (Certificado Nacional de Nivel de Idioma) y pasan el examen, ya le pueden entrar, no importa que no tengan la pedagogía para enfrentar grupos de niños o jóvenes de secundaria.

Bueno, ya entraron algunos al sistema y me platican que llegan todos entusiasmados a las aulas en secundaria y la sorpresa es: Alumnos que no cuentan ni con un mesa-banco para sentarse, salones abarrotados, todos apretados, muertos de calor y por supuesto, con pocas facilidades económicas para adquirir un libro de inglés. 

No saben absolutamente nada del idioma, ni lo básico, no dominan los números, los colores, ni pronombres… Una labor titánica por hacer.

Aunado a lo anterior, los alumnos son apáticos. Conversamos e intercambiamos diferentes estrategias que podrían usar, nada sirve. Los chicos durmiendo, si los asustan con llevarlos a la Dirección se mueren de risa, si se les bajan puntos también se mueren de la risa, si se les invita a pasar al pizarrón se niegan, si se les asigna un trabajo no lo hacen y lo peor, en algunos es evidente el efecto de alguna droga en sus miradas y actitudes.

Mis exalumnos  se sienten frustrados y ¡ya se cansaron! Lo que hacen es nadar de muertito en tanto no encuentren otra oportunidad laboral mejor donde se pueda de verdad trabajar.

Pero en las escuelas particulares no cambia tanto el panorama, también es desafiante. Ahí el reto es no hacer enojar a los papis. No se les puede llamar mucho la atención ni exigir de más porque se pierde el cliente. No se pueden hacer dinámicas divertidas porque el grupo debe permanecer calladito y en orden, hay que controlar y a ver cómo le haces para enseñar desde la forma tradicional y lineal.

Hay muy pocas escuelas públicas y privadas en Tijuana con una buena Dirección donde los papás tienen la oportunidad de llevar a sus hijos a otro centro escolar si no les place la opción elegida. Ojalá fuéramos todas las instituciones educativas, lugares capacitados para enfrentar a los muchachos, papás y necesidades de hoy.

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