Donde hay voluntad, hay un camino

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Si hay algo que se le puede agradecer a Juan Carlos Osorio en su paso como técnico del combinado tricolor es el hecho de que ni los constantes cuestionamientos por las rotaciones o por sus tácticas dudosas han frenado el paso casi perfecto de su equipo que de nuevo se ha visto como el dominador de la zona de Concacaf.

Y sí, queda claro que el funcionamiento colectivo del conjunto mexicano sigue dejando mucho qué desear bajo su mandato y que la era Osorio se verá por siempre manchada por un par de goleadas tan dolorosas como inolvidables, pero se debe apreciar el hecho de que le brindó a la afición mexicana una pequeña alegría cuando más la necesitaba. Desde el banquillo guió a la selección nacional hacia su último triunfo del Hexagonal en tierras mexicanas, y por un breve instante los problemas quedaron a un lado. O más bien, el sentimiento colectivo de perdición fue reemplazado por uno de esperanza y agradecimiento, ya que previo al arranque del partido del pasado viernes se organizó una ceremonia especial para los verdaderos héroes mexicanos.

Se sabía que sería un partido distinto desde que se anunció que por una noche la nueva casa de la selección azteca sería el estadio Alfonso Lastras en San Luis Potosí, y más que algo negativo se convirtió en una gran oportunidad para que el estado potosino armara una gran fiesta en conjunto con el combinado azteca. Y justamente eso fue lo que hicieron, ya que se aprovechó el magno evento para rendirle homenaje a todas las personas e instituciones que ayudaron en la recuperación de las distintas regiones que se vieron afectadas tras la tragedia del pasado 19 de septiembre, así como también se vivió un poderoso e emotivo minuto de silencio en memoria de las personas que perdieron sus vidas. Con el puño en alto, tanto jugadores como afición se unieron en honor a los difuntos y damnificados, en un acto que dio la vuelta al mundo como señal de que el espíritu del mexicano es inquebrantable y que el país está lleno de gente dispuesta a ayudar a los suyos. Y del silencio vinieron los aplausos, con el grito de ‘Fuerza México’ retumbando en un estadio que albergó a más de 25 mil aficionados con más ganas de ver a su equipo ganar después de haber sentido tantas emociones en poco tiempo; hubiera sido el colmo que la selección lo arruinara con un descalabro vergonzoso.

Afortunadamente, se presentó la versión más modesta del conjunto de Trinidad y Tobago de los últimos años y el cuadro tricolor respondió a las exigencias al vencerlos con un contundente marcador de 3-1, con goles de Irving Lozano, Javier Hernández y Héctor Herrera. Se sufrió al verse en desventaja en la pizarra por más de 10 minutos previo al gol del empate y se entiende que por lapsos del encuentro el equipo mexicano no jugó bien, pero en una noche en donde el resultado era lo menos relevante se agradece que se haya dado un final feliz a una tarde tan emotiva.

En el más claro ejemplo de ‘donde hay voluntad, hay un camino’, tanto la selección mexicana como los organizadores del evento armaron algo verdaderamente especial para los que sintonizaron el partido.