Don Víctor Flores Olea, indispensable de la cultura mexicana

Por Pedro Ochoa

La única manera que tenemos a la mano para que el año 2020 no sea registrado solamente como una sucesión interminable de esquelas es recordar fervientemente a aquellas personas que la pandemia arrebató de nuestro lado y asirnos a su memoria.

Aunque no fue precisamente víctima de Covid-19, falleció hacia finales del 2020 por complicaciones de un añejo mal cardiaco. Para mí, un personaje fundamental de la cultura mexicana, Víctor Flores Olea, presidente fundador del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Académico, director de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM; diplomático, embajador de México ante la extinta URSS, en la Unesco y en la ONU, artista y promotor cultural, excepcional fotógrafo y funcionario capaz de generar las políticas públicas en materia cultural que regeneraron al estado mexicano en este rubro. Y entrañable en lo personal, me nombró director general del Cecut en 1989.

Fotografía: Secretaría de Cultura federal

Gerardo Estrada, recuerda una excelente anécdota de la época en que Flores Olea fue Director de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y que describe el compromiso universitario y calidad moral de Don Víctor: “Una tarde, un grupo de estudiantes radicales de izquierda inició una bárbara acción cuando en el patio de la Facultad encendieron una hoguera con los textos de la sociología norteamericana y otros que no se avenían a su concepción ideológica. Cuando el funcionario de la administración lo notificó al maestro Flores Olea, que se encontraba en su despacho, éste salió disparado hacia el sitio donde estaban los estudiantes y comenzó a increparles al tiempo que ordenaba al personal de vigilancia que extinguiera la hoguera. Luego nos dio a todos una inolvidable lección comparando su acción con lo que habían hecho las juventudes de Hitler cuando encendieron una hoguera con los libros que consideraban decadentes frente a la Biblioteca de la Universidad en Berlín”. (Gerardo Estrada, “Cuando un maestro se va…”, El Universal, 24/11/2020).

Fue miembro tanto de la Generación de Medio Siglo, así como de la  intelectualidad mexicana junto con Carlos Fuentes, Profirio Muñoz Ledo, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Luis Prieto Reyes, Arturo González Cossio, Enrique González Pedrero, Marco Antonio Montes de Oca, Eduardo Lizalde, Jaime Bañuelos, Carlos Monsiváis, Salvador Elizondo, Javier Wimer, entre otros. (Réquiem por Víctor Flores Olea, Porfirio Muñoz Ledo, La Jornada, 24/11/2020).

Lo conocí por Carlos Monsiváis en el Centro Histórico de Ciudad de México. Él con su poderosa cámara Leica en la mano encontrando nuevos encuadres de la ciudad. Más tarde, a la creación, de Conaculta Jorge Bustamante me propuso para dirigir el Cecut y fui entrevistado por Andrés Valencia, secretario técnico de dicho organismo. Bustamante, el embajador Jorge Montaño y el periodista yugoeslavo Djuka Julius le dieron referencias de mi trabajo cultural previo en Tijuana. Aunque la senadora Margarita Ortega y el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá tenían otros candidatos, Flores Olea mantuvo mi nombramiento.

Don Víctor visitó dos veces el Cecut como presidente de Conaculta: la primera para inaugurar la exposición “Elogio a Tijuana”, una exposición colectiva de artes visuales de la ciudad; la segunda a la apertura de la Exposición “Re-visión del Cine Mexicano” organizada por IMCINE que dirigía el maestro Ignacio Durán. En el discurso inaugural de la exhibición “Elogio a Tijuana”, dijo algo así como: “me dirijo a la comunidad cultural y artística de Tijuana y de manera muy especial al Profesor Rubén Vizcaíno Valencia”. La apoteosis no se hizo esperar, Vizcaíno recogió la ovación inclinando levemente la cabeza emocionado. Esa misma noche quiso recorrer la Avenida Revolución y visitar Río Rita, el espacio cultural independiente por excelencia de los años ochenta en Tijuana. Al día siguiente quiso regresar a la legendaria Avenida, pero ahora en su calidad de fotógrafo a registrar imágenes. Al terminar el recorrido me dijo en tono admirativo: “Oiga, Pedro, ¡qué colección de feos circulan por esta calle!”, mientras analizaba la morfopsicología de cada uno de ellos.

A los meses, recibí una sorpresiva llamada suya. Quería decirme personalmente que el Secretario de Educación Pública, Ernesto Zedillo, estaba pidiendo mi puesto. Yo no podía creer lo que escuchaba. En efecto, al triunfo de Acción Nacional en la gubernatura de Baja California, el presidente Carlos Salinas dispuso que las delegaciones federales de BC dependerían de Zedillo, por sus antecedentes bajacalifornianos. Desde su creación, Conaculta era un organismo desconcentrado de la SEP, lo cual le daba a Zedillo aparentemente dos prerrogativas para nombrar al director del Cecut. En todo eso pensaba yo mientras hablaba con Flores Olea, quien seguramente percibió mi asombro y concluyó la conversación diciendo, “Usted no se preocupe, Pedro. Envíeme un informe con su trabajo más reciente”. Al día siguiente, con una sólida argumentación racional, Don Víctor se impuso a Zedillo y permitió mi permanencia en la Dirección del Cecut. Más tarde, por Jorge Ruiz Dueñas, conocí los detalles, no había sido fácil. El relato ilustra que Flores Olea actuaba bajo principios ética política y que no cedía fácilmente ante el autoritarismo. Siempre le estuve agradecido por este gesto.

Posteriormente lo saludé en Ciudad Universitaria en la inauguración del “Coloquio de Invierno” organizado por el propio Conaculta, la UNAM y la revista Nexos. Este fue un encuentro intelectual que contó con la participación de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín, entre otros, y que generó la molestia y el enfrentamiento con el poderoso Premio Nobel Octavio Paz, que a la postre le costó a Flores Olea la presidencia del organismo cultural que había fundado.

Durante años mantuvimos nuestra amistad y lo invité al Cecut a presentar su magnífica obra fotográfica, la exposición “Huellas de Sol”. En esa ocasión tuve mayor oportunidad de convivir y charlar con él. Don Víctor seguía imponiéndose por su aguda inteligencia, formación enciclopédica, cultura titánica, profundidad analítica, sardónico sentido del humor y chispeante conversación. Y por supuesto, coincido con Porfirio Muñoz Ledo cuando señala que “Vamos a inflar la anécdota, mano”, era su frase identitaria.

Víctor Flores Olea deja una importante obra ensayística, novelística y fotográfica, para las nuevas futuras generaciones de lectores, tres novelas, quince libros de ensayos y siete de fotografía.

Destaco que “Crítica de la Globalibad”, a mi juicio, sigue siendo un texto premonitorio, como señala, Olga Alejandra Sabido Ramos de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, “uno de los análisis más completos y rigurosos respecto al proceso de la globalización”.