Do Re… Mi comunidad

 

Por:Guadalupe Rivemar
  
Dicen que si no hablamos, no decimos, no pronunciamos palabra alguna, las voces interiores nos acosan. Así es que eso de mi voto de silencio resultó un fracaso porque visitamos este domingo el Centro de Artes Musicales donde el silencio, se llena con música. Llegamos a las instalaciones del CAM, y ahí el maestro Eduardo García Barrios, presentaba un concierto singular, pues por primera vez se escuchaba sonar a la Orquesta Do Re Mi Comunidad, (auspiciada por Sedesol) una de las tres orquestas que forman parte del programa pedagógico Redes 2025. Hoy en día, el proyecto educativo de la Orquesta de Baja California, por iniciativa de García Barrios, reproduce un exitoso modelo de orquestas juveniles implementado en Venezuela. A la fecha existen ya siete redes o grupos de niños en distintas colonias de Tijuana y en unos meses, se reunirán alrededor de 200 nuevos músicos a darnos la gran sorpresa. 
 
Por lo pronto, el maestro García Barrios, Alma Delia Ábrego y Alfredo Álvarez, directora y presidente del Patronato de la OBC, se expresan con entusiasmo desbordado de los planes de expansión y los proyectos sociales que desde aquí se gestan
 
Los escucho y a la vez recuerdo: hace apenas tres años, el CAM, era una idea, un sueño, un terreno baldío e irregular y un sinnúmero de gestiones que realizaba Alma Delia, no sólo para garantizar la entrega formal de un terreno, o para procurar recursos de distintas instancias, sino también para tener en regla gran cantidad de documentos, requisitos administrativos y de transparencia. Había además que empezar a entender los términos, la jerga de la construcción desde acarreos de tierra, emparejamiento de terrenos, costos y calidad de materiales, y luego más gestiones, más documentos, más requisitos de nuevas convocatorias, y así…en una carrera contra el tiempo que parecía infinita. 
Mientras, la Orquesta ensayaba en un sótano del Cecut y el proyecto pedagógico se extinguía entre otras razones, por no tener un espacio adecuado. Eran los tiempos en que los que el maestro Roberto Limón dirigía la OBC.
 
Los chicos que escuchamos el domingo en su primera presentación, difícilmente tienen acceso a ningún tipo de oferta cultural y hoy en día se integran a un proyecto de altos vuelos; hace pocos meses no conocían lo que es un instrumento musical y en ocasiones viven ambientes adversos, pero ahora saben que pueden crear belleza a través de la música, entienden lo que es el trabajo en equipo, tienen mejor rendimiento académico, descubren la importancia de los tiempos y la magia de los silencios antes de generar un sonido, una nota, una melodía. 
 
Este esfuerzo canaliza las tareas didácticas que ya realizaban los músicos de la OBC bajo la coordinación atinada del maestro Emiliano López Guadarrama, y cobra una fuerza inusitada por el impacto que implica intervenir en la reconstruir el dichoso tejido social, con acciones concretas que son una luz en ese limbo terrenal que se vive ante la falta de programas que atiendan las necesidades elementales de la comunidad. Hay tanto que decir de las acciones avezadas de la OBC que van al rescate de las almas, a través del arte. Hay testimonios conmovedores de padres emocionados al ver a sus hijos dejar atrás el rictus que les caracteriza y descubrir que son capaces de sonreír al expresarse con música. Y se amotinan mis palabras porque quieren salir, brotar, decir mil cosas, agradecer lo que veo, lo que oigo, lo que sucede en Tijuana que debe decirse en voz alta y entonces, se agolpan las palabras en diversas partes buscando salida, primero en la garganta, donde –obviamente- se hacen nudo. O van rumbo a los ojos y se transforman en todo tipo de miradas o incluso en lágrimas y luego, corren hacia las manos para escapar por la puntita de los dedos, y empieza uno a escribir, como en automático. Entonces les cuento lo que vivo.