Dimitris

Por Luis Miguel Auza Tagle

lmvino@hotmail.com

Dimitris Brezas llegó a México hace casi treinta años y aquí sigue porque se enamoró de este país, Aquí se casó y aquí tuvo a sus hijos, incluido el pequeño Christos, su ángel protector. Yo nunca había estado en un restaurante de espacio tan reducido pero de corazón tan grande. Primero Dionisios, luego Dimitris pero en esencia el mismo sitio. En no más de ciento veinte metros cuadrados se puede pasear por Grecia, aromas, música, vinos y, por supuesto, alma de por medio. Apenas llegar nos invaden las notas de la música griega que es la versión moderna del canto de las sirenas, sin los peligros que en su momento los héroes de verdad tuvieron que enfrentar. No menos de cincuenta comensales pueden disfrutar, bien sentados, de este sencillo pero intenso rincón helénico en nuestra querida ciudad.

A la mesa arriba una verdadera ensalada griega compuesta de la más fresca lechuga, queso feta, trozos de pimiento morrón, aceitunas kalamata y, por supuesto, aceite de olivo de primera calidad, un extra virgen, cosecha de oro de la marca Eleon, precisamente elaborado con primera prensa de aceitunas Kalamata. De la mano llega también un tabule muy bien presentado, descansando en una cama de lechuga y elaborado, suponemos, con trigo bulgur de la mejor calidad. Decidimos agregar un poco del aceite mencionado lo que deriva en un platillo más que sabroso. Para el momento se descorcha una botella de vino bajacaliforniano de nombre Arista, cosecha del 2010 al que le presentamos un plato de jocoque seco preparado con yogurt de queso crema, una singular delicia. Antes de la llegada del siguiente platillo apreciamos con agrado la decoración del sitio. Nada ha quedado suelto a la improvisación. Una alegre ninfa se ha encargado de recrear bucólicas escenas que nunca dejarán de recordarnos el origen de nuestra cultura occidental. El menú nos avasalla con sus propuestas: bifteki (carne molida estilo griego), loukaniko (salchicha griega), oxtapodi (pulpo a las brasas), dolmades (hojitas de parra rellenas de carne y arroz), kibe crudo y bola (carne con trigo y piñones, gyros, falafel, bacalao y un largo etcétera.

Nos ha faltado estómago para poder probar de todo y tenemos que decidirnos por un platillo fuerte, Musaka por favor. Yo creo que las benditas berenjenas no pueden tener un final más feliz que reposar, tibias y bien ajadas, en un plato de Musaka preparado con esmero y atención, como en el lugar de Dimitris. Yo creo que en Legena Ilias, allá en el Peloponeso, pueden estar tranquilos que hasta ésta otra península la gastronomía griega esté tan bien representada. Nunca puedes levantarte de una mesa griega sin tomar un buen café, en este caso con extracto de un hongo maravilloso conocido con el nombre de ganoderma lucidum, una seta con propiedades extraordinarias que vale la pena explorar. Al final, vino Retsina con aromas de pino fresco y esa materia pegajosa a la que debe su nombre. Sabores de eucalipto y conversación alegre que invitan a un próximo, pronto regreso.

*Ejecutivo en la industria de la construcción. Ejerce el periodismo crítico de vinos. Es conferencista y capacitador en sus tiempos libres.