Diluvio

Por Jorge A. Gutiérrez

Tijuana ha recibido este año lluvias relativamente atípicas, sobre todo si revisamos la estadística de las últimas 10 temporadas de lluvia, que para fines prácticos se miden del 1º de Octubre al 30 de Septiembre siguiente. Solo 2 de las últimas 10 temporadas de lluvia habían superado el promedio anual (10.1 pulgadas) de lluvia y lo hicieron por muy poca cantidad. La última gran temporada fue la de 2005 donde recibimos poco más del 200% de la precipitación pluvial típica.

Tan solo la tormenta de este último domingo a lunes, nos trajo alrededor de 2.5 pulgadas de precipitación, o alrededor del 25% de lo que recibimos en un año típico. Esto, podrían ser muy buenas noticias para nuestra región y un augurio de próspera temporada lluviosa que en mucho ayudará a llenas represas y recargar el manto freático que bien nos hará en aliviar un poco la intensa y ya prolongada sequía en nuestra región.

Sin embargo, no todas son buenas noticias. Cada día que llueve con intensidad, a Tijuana llega el caos vial -como si fuera muy difícil lograrlo- con calles inundadas, deslaves, accidentes automovilísticos y una enorme cantidad de baches producto de inadecuados pavimentos, poco mantenimiento e incompleta infraestructura pluvial.

Estos históricos estragos de las lluvias a nuestra ciudad, no han encontrado una solución integral y definitiva en las acciones de los recientes gobiernos locales. Aunque han habido grandes esfuerzos como los realizados después de las fatales lluvias de 1993, donde de manera emergente se creó la Unidad Municipal de Urbanización (UMU), organismo que se encargó de diseñar y construir la infraestructura pluvial primaria que hacía falta. Esto, permitió proteger del agua de lluvia las cañadas y cañones principales de la ciudad, después de que muchos tijuanenses perdieran su patrimonio e inclusive sus vidas por las intensas lluvias de 1993.

Años después, las obras del PIRE donde poco más de tres millones de metros cuadrados de vialidades primarias recibieron un “white topping” de concreto hidráulico, terminaron aliviando parcialmente la temporada de baches que cada año aquejaban a esas calles y bulevares de la ciudad. La existencia del PIRE evita que cada año se requiera una inversión de alrededor de 130 millones de pesos para reparar baches en las calles donde se aplicó el PIRE y ha permitido que la inversión en bacheo se haya podido extender a otras vialidades en la ciudad.  

Obviamente, todo esto ha sido insuficiente y seguimos padeciendo inundaciones -aunque de menor gravedad- y aun después del PIRE persisten los baches por toda la ciudad, principalmente en vialidades donde el pavimento sigue siendo de concreto asfaltico.

No quiero minimizar la gravedad de la situación, pero es evidente que las acciones realizadas desde la UMU con los pluviales y el PIRE con la pavimentación, han mitigado los riesgos y daños a los que actualmente estamos expuestos. No hay mucho que celebrar, pero de no haber creado la UMU y el PIRE, estaríamos muy mal.

Es por ello que en la reflexión de lo que hemos hecho bien y mal como ciudad, vale la pena ponernos a pensar qué aprendimos de los aciertos y errores del pasado, permitiendo que las lecciones aprendidas nos permitan encontrar en esas experiencias las soluciones que nos permitan transitar hacia una mejor ciudad. Es muy claro que Tijuana tiene aún muchos pendientes por atender y a pesar del caos vial, bienvenido este diluvio a nuestra ciudad.

 

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