Diez minutos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No, a veces no quiero soltar, sencillamente quiero descansar, descansar las palabras, los gritos, el pasado, el presento que no veo. Descansar en un sillón, descansar en una cuna y sentir que alguien me cuida, que alguien me protege, que alguien me ama; que no soy sola contra el mundo y que el mundo no está en mi contra. No, no quiero irme, solo quiero dormir, dormir y soñar, soñar un poco, un poco en lo irreverente, soñar en lo surreal, soñar en el síndrome, soñar en palabras que jamás he de alcanzar y que tampoco están en mi camino.

Quiero una pauta, no el final, quiero meditar en lo que sigue, quiero tomarme el tiempo, aunque sienta no tenerlo, ¡quiero!, porque el querer me mantiene, el querer me hace sentir que deseo y ese deseo me hace saborear el mañana. La soledad me trae mi rostro, mis pasos, mis manos, y con ello todo lo que he tocado, he caminado, por los lugares que me he metido, como también de los lugares que me he salido. He andado mucho y me falta tanto, he sentido tanto y me falta un universo.

No pido clemencia o excepciones, no pido trato especial, solo quiero respirar un momento, sentir mi esencia, llenarme de mí, conocer mi fragancia, conocerme en reposo, dejar que mis pies detengan el peso y me cabeza se vuelva voluble, que se vaya hasta las nubes. Todo tan de prisa y yo necesito un tiempo, un tiempo para revaluar, un tiempo para cuestionarme, un tiempo para checar mi mapa, un tiempo para sacar de mis bolsos eso que pesa y ya no sirve.

No todo es belleza, no todo es alegría, pero todo es perfección absoluta, hasta aquello que me incomoda, hasta aquello que me desagrada, fue destinado a ser así, como lo soy yo. Justo cuando creo haber comprendido la vida y sus formas, cuando brinco en el horizonte, llega el cambio y admito, aunque el cambio siempre es lo más seguro, no siempre estoy preparada. Y mi resistencia crea dolor, mi resistencia no se quiere despedir de una versión pasada, pero así es esto, porque no hay de otra, y mi energía que se desprende en el reproche del tiempo, es el mismo que me agota, el mismo que me duerme, el mismo que a momentos me confunde y nubla.

No quiero soltarlo todo, no pido final, solo quiero descansar, diez minutos, diez minutos más.