¿Despedir o no despedir? Ese el gran dilema de las empresas

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Desde el surgimiento de la clasificación de ‘Personas Vulnerables’ determinada por las autoridades hasta el establecimiento de parámetros más específicos, las empresas se han visto a obligadas a enfrentar una serie situaciones llenas de ambigüedad como nunca y que a su vez enfrentan a éstas a diversos dilemas al momento de decidir qué hacer.

Al inicio todo indicaba que los centros de trabajo tendrían que detener operaciones. Posteriormente la indicación era que solamente los que no fueran esenciales, y finalmente incluso las empresas esenciales deberían enviar a resguardarse en casa con goce de salario a todo aquel que por cuestiones de salud, edad o embarazo tuviera un mayor riesgo de ser contagiado.

Así durante varias semanas -por no decir meses- numerosas empresas tuvieron que efectuar un gasto doble al pagarle al vulnerable su salario íntegro aun cuando no estuviera laborando y, contratar por un salario similar a alguien más para realizar las labores del que tuvo que aislarse.

A meses de distancia de haber iniciado esta pandemia, es una realidad que cada vez son menos las empresas que continúan pagando salario y bonos al cien por ciento a sus empleados vulnerables que siguen sin oportunidad de reintegrarse a sus labores por motivos de salud o edad. De hecho, se podría decir que son escazas ya. La gran mayoría han hecho ajustes que van desde pagar únicamente salario base -eliminando bonos de puntualidad o asistencia y otros equivalentes- hasta reducir el pago a un porcentaje mínimo.

Hay colaboradores que han logrado controlar su salud al grado tal que, aun cuando siguen siendo identificados como vulnerables, de acuerdo a los parámetros que proporcionaron las autoridades correspondientes ya pueden regresar a sus empleos bajo condiciones muy específicas. Pero lo importante es que pueden regresar.

El dilema hoy en día según la opinión de varios líderes en capital humano es qué hacer con esa porción de la plantilla laboral a la que no se le augura un pronto regreso, ya sea por su edad o por no poder controlar su salud. ¿Se les indemniza a estos trabajadores conforme a la ley o se les mantiene es espera que la situación mejore y puedan reintegrarse?

El dilema para las empresas radica por una parte desde la óptica moral, ya que varias de las personas que forman parte de este grupo vulnerable con pocas posibilidades de regresar a laboral en el corto plazo y que no pueden desempeñarse desde casa por la naturaleza de su puesto, son y han sido grandes colaboradores, muchos de ellos durante varios años. Son personas talentosas, con una gran actitud y con demostrada lealtad a su empresa.

¿Cómo despedir alguien así a sabiendas que difícilmente obtendrá otro empleo?, ya sea por su salud o por su edad, o por ambos. Sin embargo, por otro lado, también están las presiones presupuestarias en las que debido a la pandemia el costo de la operación se ha visto incrementado por cierre temporales, pago de salario a personal vulnerable, implantación de medidas de seguridad para evitar contagio, entre otras más y no se ve para cuando el panorama se mejore.

Así de esta forma el dilema se resume a: ¿Despedir a los vulnerables para conservar los más empleos posibles dentro del centro de trabajo con los nuevos costos que implican las medidas preventivas de contagio?, o, ¿resistir lo más posible hasta que la situación mejore?, lo anterior con el gran riesgo que esta se prolongue hasta el punto que sea la operación sea insostenible y se termine por tener que reducir la plantilla aún más allá de los vulnerables.

Desde el punto de vista numérico la decisión es sencilla. Las cosas se complican cuando se agrega el factor humano a la ecuación a sabiendas que el impacto recaerá con mayor fuerza en los más vulnerables.