Desde mi cocina

Por Lucy Ocaña

Hoy no escribiré de política o sea no será de “Colores” y les comentaré de otra de mis pasiones: La comida; por lo que será “de Sabores”. Me gusta, me relaja, disfruto cocinar y claro también comer.

 

Muchas veces escucho que dicen quienes estuvieron cocinando, que no quieren comer porque ya “se llenaron” de tanto probar; eso quisiera yo, pero no es así.  Me gusta lo que cocino y lo como con gusto… aunque claro, cada y tanto tengo que ponerme bajo un régimen alimenticio estricto, para bajar los “kilitos” que irremediablemente se suben cuando se come bien y de todo.

Hace varios años, cuando leí “Como agua para Chocolate”, inmediatamente me identifique con la protagonista, porque al igual que ella creo que al cocinar se expresan muchos sentimientos.

En lo personal siempre cocino con gusto; y como no soy muy sentimental ni expresiva, he encontrado en la cocina una forma de decir “te amo”.  Mi familia, mis amistades cercanas son quienes prueban mis platillos, precisamente porque me interesa especialmente decirles cuan importantes son para mí.

Provengo de una familia (por parte de mi madre) donde el cocinar era ritual, sobre todo en las festividades.  Como olvidar la cena de Navidad con los tamales que hacían las tías (tamales estilo su pueblo en el estado de Nuevo León) La riquísima Torta de Elote, para las meriendas de la familia, o el Asado de Boda para comidas especiales por algún cumpleaños o bautizo.

Cuando recién me case, hace ya algunas décadas, por un año tome clases de cocina, y repostería con la Sra. Saldaña. Yo no conocía mucho de Tijuana, pues había llegado de Mexicali, pero alguien me recomendó a la Sra. Saldaña y en ese tiempo impartía sus clases en el 2do. Piso de lo que era la Academia de belleza “Paris Nachos” en la calle 3ra.

En el centro de la ciudad.   Ahí tuve oportunidad de conocer a dos excelentes señoras jóvenes (al igual que yo en ese tiempo) que me ayudaron en mis inicios de ama de casa, ellas fueron Elizabeth de Cervantes y Venus de Rodríguez, esposas de quienes hoy son destacados profesionistas de esta ciudad.

Por la paciencia de la Sra. Saldaña para enseñarnos y nuestro interés (y también necesidad) de aprender se convirtió en un año muy agradable y que fue la semilla para seguir investigando sobre el arte de cocinar y el ir adquiriendo  libros y revistas de cocina, para ampliar el conocimiento sobre el tema.

Al pasar de los años he tenido la oportunidad de hacerme amiga de grandes cociner@s como Lilian Encinas y Marisa Lazo, de quienes he aprendido y tomado sus “tips” que mucho me han servido. Y destaco a un excelente cocinero, que me impresiona cada que nos invita a comer o cenar por su dedicación y gran sazón, mi compadre Samuel Bretts. 

En los próximos días, tendré una cena con unos amigos, la cual se está convirtiendo en tradición, pues ya son varios los años  en que acuden a mi casa en verano, cenamos en el área del jardín, el cual decoro con esmero y les preparo cenas de cuatro o cinco tiempos, con bebidas y cocteles que también les ofrezco.  Ellos disfrutan y aprecian mi comida y yo disfruto y valoro su amistad.

Les comparto un regocijo personal: Nada me hace más feliz que escuchar a mi nieta de 3 años decirme: “Abu” me das sopita, me gusta mucho tu sopita. ¿No creen que es el mejor halago que una cocinera puede recibir?

Coman, recen y amen. ¡Es lo mejor de esta vida!