Desde la ventana de la perspectiva

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Veo a tantos agonizar y no puedo hacer nada, los veo necesitados, los veo vacíos, los veo solos de sí mismos y no hay nada que pueda yo hacer. Veo pedir ayuda sin hacerlo, veo mentirse, veo comprarse la idea de lo que no fue, veo lastimarse y nadie puede hacer nada.

Cada quien está en su propia línea, propia experiencia y no es bueno o malo, es sencillamente individual y personal.

He visto palabras salir y entrar, volar, desaparecer sin ser escuchadas, he visto a gente vestirse de negación porque nunca aprendieron a lidiar y a vivir la realidad, prefieren subir su barrera y guardia y ser la víctima de la circunstancia para que alguien más actúe por ellos, los defienda, los mueva de la situación, siendo que esta víctima volverá y volverá, y volverá hacerlo porque ya le funcionó una, dos y tres.

He visto a seres devorar sus sueños, otros matarlos, otros ahogarlos porque no nos enseñan en la vida a vivirla y suena sencillo, pero se requiere valor, valor que se adquiere desde la infancia, que eso marcará la dirección.

Desde temprana edad llamar a las cosas por su nombre, confrontar las etapas y estar el tiempo que se deba estar en cada momento y suceso mientras esto sea saludable. Pero regresando un poquito más la cinta es tener estos hijos con la mejor intención, disposición y tiempo, estar listos a enseñar y aprender de ellos, algo mutuo, algo recíproco. Y hay que regresarnos todavía un poco más, hay que ser adultos que se estén renovando y sanando si hay algo que sanar, que constantemente los atienda el doctor de la mente y las ideas, que se cuiden, que se quieran, que ponga la condición de amarse a sí mismos como a nadie más, que se arropen, entiendan y comprendan, que se aplaudan el error vivido y la experiencia adquirida.

Pero todavía más atrás, abrazar a nuestros padres para poder ser padres, perdonar si es necesario, abrazar si es posible o alejarse y cortar por lo sano, porque cada quien su historia. Pero es importante curarse y cuidarse desde arriba hacia abajo, desde pasado a futuro, hay tantos doliendo, sufriendo, que no saben aterrizarse, no saben vivir la experiencia que les toca, no saben dar las herramientas que no tienen y así contaminan a los hijos de los mismos males.

Hay que ser entero, partir de lo que nos toca pero siempre estar partiendo, no para huir, sino para siempre estar comenzando y llamar a cada necesidad y carencia por su nombre.